Cuaderno de Trieste

Blog personal de Gabriel Rodríguez

jueves, diciembre 03, 2009

Philip Roth


Confieso que me ha costado lo mío cogerle el punto a Philip Roth. Durante bastante tiempo me sentía como el único chico de la clase al que no han invitado a un cumpleaños, como el único tarugo que no ha pillado el chiste mientras todos los demás se ríen alrededor. Novelistas y críticos de varias generaciones y países pedían el Nobel para quien yo seguía encontrando un narrador un tanto ensimismado. A mí me gustaban más Auster y DeLillo y, desde luego, Tobbias Wolf, que nunca aparecía en las listas, no sé si por ser básicamente escritor de cuentos o por haber nacido en Alabama.

Tenía un buen recuerdo de El Teatro de Sabbath, que había leído tiempo atrás, pero la archipremiada Conjura contra América me parecía (y me sigue pareciendo) una novela entretenida, pasable, bastante menos original de lo que muchos pregonaban. ¿A quién podía conmoverle la deportación (ficticia) de unos cuantos judíos en lo que casi era un campamento escolar cuando en Europa teníamos un Austchwitz y un Stalingrado (reales)? ¿Quién podía temer al aviador filonazi Charles Lindbergh cuando Europa estaba plagada de nazis de carne y hueso?

Al fin me encontré con el gran Roth en Pastoral americana primero y El lamento de Portnoy después. Si la primera es la voladura controlada del sueño americano, la segunda es una exploración por los rincones oscuros del sexo con un humor sardónico que no deja títere con cabeza. Eso sí que era una verdadera conjura.

Imagino que cuando tus correligionarios consideran que tu pueblo es el pueblo elegido, no tienes opción: si utilizas el humor, tienes que entrar a saco, sin contemplaciones, dispuesto a arrasar todo y sin que te preocupe la onda expansiva. Sólo así se explica el humor corrosivo de Roth, primo hermano del de Leonard Cohen y vecino del de Woody Allen. Un ejemplo: cuando al personaje que interpreta Allen en Desmontando a Harry su ultraortodoxa hermana le recrimina que se odie por ser judío, él responde: Vale, puede que me odie, pero no por ser judío.

El último libro de Roth que he leído es Sale el espectro. En él, Zuckerman, uno de los alter ego del escritor, está hecho una verdadera piltrafa. El cáncer de próstata (que ya estaba padeciendo en Pastoral americana) le ha dejado impotente e incontinente. Roth juega con la visión del mundo que tiene un hombre abocado a esa humillación como si se tratara de la humillación colectiva de unos Estados Unidos que reeligen a George W. Bush en 2004.

Porque esa es una de las claves de Roth. Aunque sus ficciones son eso y no otra cosa, están embebidas en el contexto político del momento, ya sea el Macarthismo el gobierno de Clinton. El sexo, el miedo, el desencanto o la religión sirven para hurgar en nosotros mismo, pero también en quien nos gobierna.

Y mientras, Roth, que nunca sonríe en las fotos, sigue escribiendo novelas y esperando que algún año de estos le den el Nobel. O no.

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martes, enero 13, 2009

Recomendaciones para 2009


Con algo de retraso, como viene siendo habitual, os hago llegar la lista de recomendaciones para este año que acaba de empezar. Como siempre, es una selección arbitraria que he hecho entre mis lecturas de 2008.

El retraso se debe (y lo digo más como recomendación que como disculpa) a que he pasado los primeros días del año perdiéndome por la Provenza francesa. Ya dice Thomas Mann en La muerte en Venecia que viajar es una medida higiénica que uno debe adoptar de tanto en tanto. Especialmente, añado yo, si uno vive en un país como España.

Son doce lecturas para doce meses. Hay menos novelas y más ensayos que en las recomendaciones de años anteriores. He incorporado tres cómics por la sencilla razón de que me parecen de lo más inteligente que he leído este año. Hay también dos fantásticos libros sobre la India y dos libros de ficción que no son novelas.

Os deseo salud, paz y buenas lecturas para 2009; y recordad que quien más tiempo pasa leyendo, menos tiempo tiene para masacrar a sus vecinos, costumbre esta muy arraigada en la historia de la humanidad.

-Bartleby y compañía, de Enrique Vila- Matas (Anagrama). ¿Por qué demonios debe escribir un escritor? ¿Por qué no puede uno limitarse a la aplastante desidia de Bartleby, el personaje de Melville que ante cualquier orden, invitación o sugerencia respondía de forma lacónica e invariable con su “preferiría no hacerlo”? ¿Qué hay de los escritores sin obra? ¿Se puede escribir un libro sólo con notas a pie de página?

-¿Quiere ser millonario?, de Vikas Swarup (Anagrama). Originalísima novela sobre la historia de un país extraordinariamente complejo: La India. Todo en quince preguntas y sus respuestas, como en el célebre concurso de televisión.

-El antropólogo inocente, de Nigel Barley (Anagrama). Las andanzas de un cáustico antropólogo entre los dowayos de Camerún. Sin paternalismos etnocéntricos.

-El mal de Portnoy, de Philip Roth (Mondadori). Uno de los mejores libros del novelista de Newark. Roth en carne viva, supurando mordacidad y humor negro y con la saludable costumbre de reírse sin piedad de los suyos.

-La tregua, de Mario Benedetti (Bibliotex). En una de sus más célebres novelas, el escritor uruguayo indaga en los mecanismos del desencanto; en cómo la vida se va escapando entre los dedos sin que nada se pueda hacer para evitarlo.

-La India por dentro: una guía cultural para el viajero, de Álvaro Enterría. Exhaustivo y amena enciclopedia de la India. Nada de tópicos ni de superficialidades. Una verdadera joya escrita con pasión y erudición sobre este complejo país.

-Los adioses, de Juan Carlos Onetti (Punto de lectura). La novela que Onetti prefería de entre las suyas. Un relato en el que parece no pasar casi nada, pero en el que pasa casi de todo.

“Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos;”

-Cabeza de perro, de Morten Ramsland (La Salamandra). La novela tiene siempre algo de mítico, de historia primigenia o fundacional. A esa narrativa alucinada de García Márquez o Gunter Grass es la que corresponde esta magnifica novela.

“En algún lugar de este de Alemania, mi abuelo atraviesa corriendo una llanura. Los alemanes lo persiguen y ha perdido un zapato; está helando. La media luna extiende un pálido brillo sobre el paisaje y lo transforma en un campo arado con soldados congelados y semienterrados en el barro.”

-Páginas ocultas de la historia, de Fernando Marías y Juan Bas (Destino). Las conspiraciones contienen una interesante paradoja: suelen ser pura memez en el terreno periodístico y pero también entretenidas en la ficción. ¿Y si Goya hubiera pintado tres majas? ¿Y si Lorca hubiese sobrevivido a su fusilamiento?

-Pyongyang, de Guy Delisle (Astiberri). Visto desde fuera, el sistema político de Corea del Norte es lo más delirante que cabe imaginar. ¿Qué es exactamente el Juche? ¿Cuál es la frontera entre la ideología y la religión?

-Gorazde: zona protegida, de Joe Sacco (Planeta DeAgostini). Un imprescindible sobre el conflicto de los Balcanes dibujado por un auténtico reportero de guerra. Las viñetas de Sacco son espectaculares.

-Persépolis, de Marjane Satrapi (Norma Editorial). Satrappi viene a ser algo así como una Mafalda en Teherán. Con sensibilidad e inteligencia, cuenta la historia reciente de su país a través de la suya propia.

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