Cuaderno de Trieste

Blog personal de Gabriel Rodríguez

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Nombre: Gabriel Rodríguez

jueves, mayo 01, 2008

Adolescencia


No siempre he leído mucho. Durante algunos años me perdía sin remedio en lecturas vagas que dejaba y retomaba cada dos o tres meses, o en libros sobre ciencia, los cuales, por algún inexplicable motivo, encontraba más reconfortantes mientras más áridos fuesen. Pero creo que casi siempre he leído con intensidad.

Cuando tenía quince o dieciséis años empecé a acercarme a la poesía, no ya como el más o menos aplicado estudiante de lengua que había sido en el colegio, sino como un lector en busca de verdades. La poesía era un murmullo, un código secreto que fluía entre todos, pero que sólo unos pocos éramos capaces de descifrar.

El instituto tenía algo de carcelario, con la sordidez y juego sucio de quien se afana por sobrevivir; y la poesía tenía algo de religioso, como una fe que apuntara hacia un horizonte más esperanzador (todo muy pueril, sí, pero qué adolescencia, fe o esperanza no lo es).

Los poetas llegaban por distintas vías. Algunos casi como residuos casuales que uno se encontraba entre las anquilosadas programaciones académicas. Y otros a través de los trovadores que los cantaban: Miguel Hernández, Machado, Blas de Otero, Gil de Biedma o Gamoneda aparecían en las voces de Amancio Prada, Serrat, Paco Ibáñez o Loquillo.

Casi todos eran perdedores, o excluidos o contestatarios. Y tal vez por eso no era difícil identificarse con ellos. Quizá haya un tipo de concomitancia íntima con la poesía, una conexión directa entre el lector y el poeta que sólo puede tenerse en la adolescencia. Quizá exista un fulgor vital condenado a extinguirse y que resulta incompatible con la treintena. Resultan esclarecedores los versos de Gil de Biedma al respecto. (“Podría recordarte que ya no tienes gracia./ Que tu estilo casual y que tu desenfado/ resultan truculentos/ cuando se tienen más de treinta años,/ y que tu encantadora/ sonrisa de muchacho soñoliento/ —seguro de gustar— es un resto penoso,/ un intento patético.” )

Puede que lo único bueno de la adolescencia sea que un día desaparece, como si no hubiera sido más que una enfermedad larga y aburrida; y no deja más secuela que una nostalgia apagada, leve, indolora.
(Esa mirada perdida que Munch pinta en su "Melancolía" me remite a aquellos. En esa mirada parece haber más aburrimiento que desesperación real.)

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lunes, marzo 17, 2008

Peligroso hombre sabio: Krahe


Como el fiel que renueva sus votos cada cierto tiempo, uno siempre termina regresando a los mismos lugares; es decir, leyendo a los mismos autores, escuchando a los mismos músicos o viendo las mismas películas. Y no es fácil prever cómo nos reencontraremos con esos preciados amuletos cuyo recuerdo conservamos idealizado en la memoria; es decir, nunca sabe uno si habrá envejecido mejor o peor que su amuleto.

Entre los míos, figura desde hace bastante Javier Krahe, que no envejece, al menos desde que se le blanqueara la barba como una orla de su perfil enjuto, solemne y burlón a un tiempo.

Sucede con Javier Krahe que la gente siempre se ha reído mucho con sus canciones, en parte por su agudeza, en parte por sus rimas consonantes e impredecibles (“Yo, que siento por Jesús / repelús”). Pero lo cierto es que yo, por mi parte, me lo tomo cada vez más en serio; sospecho incluso que toda esa apariencia quijotesca de Krahe no es más que un disfraz, digamos un excipiente, que camufla su amalgama de lucidez y ternura.

Y es que las canciones de amor de Krahe son más lacerantes que la mismísima copla, sus lamentos nocturnos son más amargos que el blues, sus reflexiones son proyectiles más certeros que cualquier panfleto pseudopunk e, incluso, su relectura de los clásicos (“Yo, como Ulises he sido/de Penélope el marido”) es crítica literaria en estado puro.

Pero seguramente a Krahe le gusta pasar desapercibido, camuflado de genial entretenedor del público que jalea sus letras como si de las oraciones de un culto en vías de extinción se tratara. De hecho, es esa libertad tan natural la que le ha ocasionado problemas con los siempre alertas bienpensantes a diestro y siniestro (y ojo, que los de siniestro son tan gazmoños como los de diestro). Y al mismo tiempo Krahe se ríe por fuera y conserva la seriedad por dentro, mientras nos afea nuestra rutina burguesa en los tres minutos de “No todo va ser follar”.

Así que no os dejéis engañar por este hombre de aspecto bonachón que propaga consignas anarquistas; y, por supuesto, tampoco os perdáis ni uno solo de sus conciertos.

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domingo, febrero 10, 2008

Postal desde el desierto (y 2)


Nos levantamos antes de que salga el sol. Basta alejarse unos pasos de la kasbah en la que nos alojamos para notar en la piel toda la soledad de este lugar. El frío, el silencio, la ausencia de formas en la oscuridad son las señales mediante las cuales se manifiesta el vacío. Parece como si la humanidad se hubiera extinguido miles de años atrás; o como si nunca hubiera existido.

Nuestro guía, que tiene un aire a Omar Sharif de joven, se llama Idir. Es el bereber que nos rescató de la arena la noche anterior. Conduce con seguridad por el desierto mientras nosotros nos preguntamos cómo puede orientarse en la maraña de pistas y rodadas que se entremezclan sobre el suelo del reg.

Por fin vemos salir el sol sobre las dunas del Erg Chebbi. Mis compañeros disfrutan y hacen fotos. Yo intento que un persistente dolor de estómago no me amargue la experiencia. Por algún extraño motivo, no he conseguido pegar ojo y no me encuentro bien. Me sorprendo a mí mismo preguntándome qué rayos hago allí, con lo bien que podría estar en mi casa. Pero bien sé que la pregunta es inútil. En este instante, en este día, mi vida está aquí, en el desierto. Poco importan mis dolores estomacales o mis dificultades respiratorias. He decidido moverme y mi cuerpo, aunque no siempre resulte el mejor compañero posible, viaja conmigo.

Más tarde Idir nos lleva hacia las montañas que separan Marruecos de Argelia. La zona es aún más inhóspita, alejada de los pueblos y de los hoteles que se apiñan junto a las dunas. No hace demasiado calor, pero la luz del sol parece capaz de taladrarte el cráneo después de unos pocos minutos. Es una luz blanca, casi punzante.

En medio de la nada, nos detenemos en la casa de una familia nómada. Son cuatro paredes de adobe reseco. Nos sentamos sobre las esterillas gastadas que alfombran el interior y compartimos un té con dos mujeres berberes y sus hijos. Sacamos más de diez años a las chicas. Imagino que ese aire de adolescentes treintañeros que podemos permitirnos los europeos les tiene que resultar de lo más extraño. Seguramente les resulte de lo más frívolo, aunque es posible que lo envidien.

A media mañana llegamos a un pueblo perdido, más al sur de Risanni Aquí, la mayor parte de la población es de raza negra. Eso nos recuerda que estamos en África y que apenas nos hemos asomado a un continente enorme y vertiginoso que el Sáhara casi divide en dos.

Al atardecer, Idir nos invita a tomar el té en su jaima. Su hijo Mohamed, un niño de unos tres años que ya tiene la misma mirada recia y determinada de su padre, corre con los pies descalzos sobre el suelo rocoso. Idir parece estar contento con su modo vida. Seguramente podría permitirse cambiarla si así lo deseara. Mientras miro de reojo cómo bebe su té y deja vagar la vista hacia el desierto, me pregunto si su mundo, que a nosotros nos parece tan simple, será para él tan complejo como lo es el nuestro para nosotros.

Probablemente en ese desierto que mira Idir, en esa inmensa llanura pedregosa y seca, esté la respuesta a mi pregunta. Pero yo no soy capaz de descifrarla. Una vez más, es al viajero a quien más le queda por aprender.

Mientras dejo que la vista se me pierda en el desierto, recuerdo a aquellos lotófagos de la Odisea a los que el loto les hacía olvidar su patria, liberándoles así de la tiránica obligación de regresar a ella.

Idir rellena el vaso de té ya vacío. Se lo agradezco, bebo otro sorbo y me dejo llevar por la melancolía de las últimas luces de la tarde.


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lunes, enero 07, 2008

Recomendaciones para 2008


Aquí os dejo las lecturas recomendadas para 2008. Son doce libros que he seleccionado entre los que he leído durante 2007; doce, para que podáis dedicarle un mes a cada uno (es cierto que hay algunos bastante voluminosos, pero de otros se puede dar buena cuenta en un par de tardes). Sobre algunos de ellos he publicado artículos en estos doce meses. De los dos últimos os copio sus sugerentes comienzos.

La selección, cómo no, es totalmente arbitraria. El único criterio ha sido el placer que he encontrado al leer estos libros y las ganas de compartirlo con vosotros. No son novedades editoriales ni reediciones de moda. Al contrario. El propio concepto de novedad editorial pertenece al campo de la gestión empresarial y en ningún caso al de la literatura. Hoy parece que los libros que tienen más de seis meses han pasado de moda. Así que esta lista pretende ser una humilde rebelión contra esa dictadura de lo banal.

Por cierto, si alguien malgastó tiempo y dinero en las recomendaciones para 2007 y quiere utilizar como proyectil alguno de aquellos libros, ahora es el momento de hacerlo.
http://cuadernodetrieste.blogspot.com/2007/01/recomendaciones-para-2007.html

Salud y buenas lecturas para este año.


-Los monederos falsos, André Gide (Poseidón).

-Vida de Pi, Yann Martel (Destino)

-Animales y más que animales, Saki (Valdemar)

-Ruido de fondo, Don DeLillo (Seix Barral)

-Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami (Tusquets)

-Campo de Agramante, Manuel Caballero Bonald (Anagrama)

-La suerte de Barry Lyndon, William Makepeace Thakeray (Cátedra).

-Solaris, Stanislav Lem (Minotauro).

-El curioso incidente del perro a medianoche, Mark Haddon (La Salamandra).

-El desierto del los tártaros, Dino Buzzati (Gadir).

-El pozo, Juan Carlos Onetti (Punto de lectura)

“Hace un rato me estaba paseando por el cuarto y se me ocurrió de golpe que lo veía por primera vez. Hay dos catres, sillas despatarradas y sin asiento, diarios tostados de sol, viejos de meses, clavados en la ventana en lugar de los vidrios.”

-Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sábato (Seix Barral)

“Las primeras investigaciones revelaron que el antiguo Mirador que servía de dormitorio a Alejandra fue cerrado con llave desde dentro por la propia Alejandra. Luego (aunque, lógicamente, no se pueda precisar el lapso transcurrido) mató a su padre de cuatro balazos con una pistola calibre 32. Finalmente, echó nafta y prendió fuego.
Esta tragedia, que sacudió a Buenos Aires por el relieve de esa vieja familia argentina, pudo parecer al comienzo la consecuencia de un repentino ataque de locura. Pero ahora un nuevo elemento de juicio ha alterado ese primitivo esquema. Un extraño "Informe sobre ciegos", que Fernando Vidal terminó de escribir la noche misma de su muerte, fue descubierto en el departamento que, con nombre supuesto, ocupaba en Villa Devoto. Es, de acuerdo con nuestras referencias, el manuscrito de un paranoico. Pero no obstante se dice que de él es posible inferir ciertas interpretaciones que echan luz sobre el crimen y hacen ceder la hipótesis del acto de locura ante una hipótesis más tenebrosa. Si esa inferencia es correcta, también se explicaría por qué Alejandra no se suicidó con una de las dos balas que restaban en la pistola, optando por quemarse viva.”
(En la foto, la espectacular biblioteca del Trinity College, en Dublín)

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martes, diciembre 25, 2007

Postal desde el desierto (1)


A última hora de la tarde, conduzco sin prisa por el valle del Ziz. Avanzamos con suavidad. El coche parece acomodarse a la carretera trazada en paralelo al cauce seco. El valle se estrecha en una garganta y se vuelve a abrir poco después. De cuando en cuando, un palmeral rompe la monotonía y revela que en otra época del año, en algún lugar, debe de haber algo de agua.

La luz se va escurriendo sobre las laderas rojizas. Casi minuto a minuto, cambian de tonalidad. El cansancio se diluye en una relajación profunda y algo extraña. Es el sosiego del anonimato, de la lejanía.

Permanecemos en silencio. Sólo se escucha el rugido del motor sobre la carretera trazada en medio de la nada. Sobre el mapa, aún no hemos pisado la minúscula esquina del Sáhara a la que nos dirigimos; sobre el terreno, llevamos más de trescientos kilómetros de laderas desoladas y carreteras desiertas azotadas por un viento constante. Del laberinto borgiano de la medina de Fez, en el que ayer nos perdimos una y otra vez, sólo queda en la memoria un murmullo apagado.

Mis compañeros son viajeros militantes. Como yo, observan fascinados, sin preguntarse por qué no dejamos de movernos. Sé que me seguirán mientras me mueva y que me arrastrarán cuando flaquee. Supongo que, como los tiburones, tenemos la necesidad de movernos continuamente para no asfixiarnos.

Ya es de noche cuando dejamos atrás la localidad de Erfoud. El asfalto termina poco después y no nos queda más remedio que adentrarnos en las pistas de tierra. No tardamos en comprobar cómo la tierra seca y pedregosa del desierto se intercala con la arena. Menos de media hora después de haber abandonado la carretera, estamos atrapados en la arena. Las ruedas giran sin oposición y el coche termina clavándose en el suelo.

Dos adolescentes bereberes a los que hemos intentado dar esquinazo sin éxito, se ríen de nosotros. A falta de plan mejor, decidimos reírnos con ellos. Mientras esperamos a que aparezca su hermano con un Land Rover, comprendemos que formamos parte de uno de los pasatiempos preferidos de los jóvenes que viven aquí: ver cómo se atascan en el desierto los incautos conductores europeos.

Dos horas y una ducha más tarde, cenamos un tajine de verduras en la kasbah en la que nos hospedamos, no muy lejos del lugar en el que hemos quedado atrapados. Recordamos el incidente entre risas, pero no se nos escapa que nos ha colocado en nuestro lugar. El viajero es el último en llegar a un lugar; es quien menos sabe, a quien más le queda por aprender.

sábado, noviembre 24, 2007

Hasta siempre, Cebrián






















En estos últimos meses negros en los que se nos fueron Bergman y Fernán Gómez entre otros, hubo un golpe especialemente traicionero. Se murió Juan Antonio Cebrián, de repente y sin despedirse, a los 41, con infinidad de proyectos por delante.

Le pedí a mi amigo Raúl Cuervo que escribiera algo para el blog. Compartimos, además de la afición al bourbon, el cariño hacia Cebrián. Ahí van nuestros pequeñas cartas de despedida.

Hasta siempre, Cebrián

Venía ya uno con el alma radiofónica, esa que parpadea en la oscuridad, bastante revuelta porque hace nada se nos había ido Carlos Llamas, ejemplo vivo de que la ternura y la acidez, no son incompatibles; y es esas, se nos murió Juan Antonio Cebrián.


Había comenzado a escucharle hace unos cuantos años, si bien, como en toda relación de amistad, me distancié de él en varias ocasiones. Pero aunque durante algún tiempo no pasara por allí, nunca me olvidé de que la casa de Cebrián estaba abierta. Su casa era La rosa de los vientos, que además era la casa de todo aquel que quisiera entrar y sentarse junto al fuego abrazado a una copa de oporto a escuchar buenas historias. A veces, qué se le va a hacer, uno prefiere vagar solo por las calles de madrugada, pero siempre consuela saber que hay puertas que siguen abiertas, por más que haga mucho tiempo que uno no las franquea. No sé si los que hacen la radio nocturna tendrán idea de la cantidad de vidas de insomnes que han alargado.


Fueron pasando los años, pero la impresión inicial que había tenido de Cebrían no varió en absoluto. Cebrián era el compañero de clase de la fila de atrás, inteligente, noble y gamberro a partes iguales, de esos que lo comparten todo y te llegan al cerebro pasando por el corazón.


A su lado recorrí muchos kilómetros, viajes nocturnos de aquí para allá en los que escuchaba sus Pasajes de la historia. La monotonía de la autopista o el ronquido de algún compañero de viaje quedaban enseguida atrás, y uno se veía inmerso en la batalla de las Termópilas, en la revuelta de los bóxers en China o en las disputas conyugales del mismísimo Sócrates.


Y es que Cebrián tenía esa vocación por compartir que requieren los divulgadores. Si Carl Sagan logró en los años 80 que taxistas, enfermeras y ferreteros discutieran sobre nebulosas y quásares, Cebrián nos hizo preguntarnos si Rober E. Lee había sido un traidor o por qué rayos Aníbal no había arrasado Roma cuando tuvo ocasión de hacerlo.


Queda el vago consuelo de saber que los grandes capitanes dejan el rumbo marcado en su rosa de los vientos cuando se van; y queda, claro está, la obligación de seguir navegando.


Gracias, Cebri.

(Os dejo unos links como banda sonora de la lectura.

http://es.youtube.com/watch?v=Vr5d0Otp8FU

http://es.youtube.com/watch?v=pW-Njfe6zcg )

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Homenaje a Cebrián

por Raúl Cuervo


Tu cálida y profunda voz inundó la noche. Almas sonámbulas, jornaleros de la madrugada, vampiros del saber,…todos congregados bajo el hechizo de tu luna.

Trovador del saber, desvelaste a las conciencias dormidas, retiraste telarañas de las mentes, despertaste al conocimiento. Lograste llegar donde nadie había llegado. Creaste un hogar para noches perdidas, arropando oídos vagabundos.

Nos llevaste de la mano, ávidos de una luz que seguir; y tu luz brilló más intensa que ninguna, alta e inequívoca en el horizonte. Brilló tanto que eclipsó las demás luces y, como un mal presagio, tanto resplandeció que se apagó de pronto, dejándonos desorientados y afligidos, como quien ha visto el mar y desdichado ha de regresar a su jaula terrenal.

Profunda es la huella que has dejado en tu partida. Hiciste de la palabra una obra de arte. Pintaste cuadros con tu voz, llenando de matices y colores la noche. Endulzaste nuestros sentidos con aromas de misterio y antigüedad, llevándonos por sendas desconocidas con esencias de un pasado lejano y remoto.

Ay Juan…honda es la pena al adivinar las aventuras que se perderán en el olvido al no haber ya juglar que las cante.

Sólo me queda despedirme de ti. De alguien que me acompañó en tristezas y dichas. A ti te doy las gracias por estos años de dedicación; dedicación a la radio, dedicación a todos nosotros, dedicación a mi, pues tu dedicación fue mi ventura…y mi suerte escucharte.

Hoy te digo Cebri que, por haberte conocido, me siento más que nunca, encantado y feliz como una lombriz…

martes, noviembre 20, 2007

Luke

Lectores, amigos, críticos, polizones y toda suerte de marinería:

Desde noviembre he comenzado a publicar en la revista cultural "Luke", donde su directora, Inés Matute, me ha reclutado. De momento estamos rescatando artículos ya publicados aquí, pero en el futuro espero publicar artículos nuevos.

Que me embarque en otro proyecto no significa que abandone éste; en los próximos días publicaré el artículo de noviembre.

Os dejo la estela de "Luke" por si os apetece echar un ojo, cosa que os recomiendo a todos.

http://www.espacioluke.com

Un saludo a todos

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