Cuaderno de Trieste

Blog personal de Gabriel Rodríguez

lunes, febrero 09, 2009

200 kilos de sándalo


Puede que Varanasi, la antiquísima ciudad que los británicos llamaban Benarés, sea el lugar más extraño en el que he estado jamás; y sin embargo, al mismo tiempo, todo parece sencillo. Si hay algún lugar en el que uno perciba que la vida y la muerte no son sino segmentos consecutivos de la misma línea continua, es éste.

Lo primero que hacemos al llegar es asomarnos al Ganges. Acaba de anochecer cuando llegamos al Dasaswamedh Ghat, una de las principales escalinatas que descienden hacia el río. Jóvenes brahamanes ejecutan el Ganga Aarti, una puja entre el fuego. Lo hacen desde hace más de veinte siglos en este mismo lugar, de cara al Ganges, como si fueran los mismos sacerdotes que se reencarnan en otros cuerpos desde tiempos inmemoriales. Mark Twain dijo que esta ciudad era más antigua que la propia historia.

De repente me siento solo entre la multitud. El bullicio me llega con sordina. Desciendo despacio los escalones hasta que la presencia lechosa del Ganges se me revela en la oscuridad.

Durante los días siguientes caminamos una y otra vez entre los ghats, como si buscáramos algo. Pero la realidad es que aquí, en Varanasi, no hay nada oculto. Todo está a la vista y el misterio es a la vez su simpleza. Decir que el Ganges, Ganga como aquí lo llaman, es un personaje más de la ciudad es quedarse muy corto. El Ganges es más bien una omnipresencia húmeda y densa sobre toda la ciudad.

Una y otra vez nos diluimos en el tráfico de las calles principales. Su densidad es difícil de entender para un occidental. El peatón no es un individuo que camina; es más bien una partícula que no puede sino dejarse llevar por la circulación. Como el Ganges, aquí lo colectivo es un torrente que arrastra todo lo individual. Dice Álvaro Enterría en La India por dentro que el tráfico aquí es una metáfora de todo el país: siempre parece a punto del colapso y siempre consigue seguir avanzando.

Cada anochecer vemos varios cortejos fúnebres. Llevan el cadáver sobre una angarilla, apenas cubierto por un sencillo sudario. Avisan de su paso para que la gente se aparte, nos adelantan rápidamente y se pierden enseguida por las callejuelas camino de Manikarnika, el ghat crematorio.

Manikarnika es un amplio ghat, bastante oscuro por las noches y más sucio que otros. En algunas partes, es un auténtico lodazal. Pero lo que lo hace especial es que es el principal crematorio de la ciudad. Aquí se queman unos doscientos cadáveres al día. Todos los muertos de la ciudad, salvo los que no puedan pagarse la leña (que irán al crematorio eléctrico) o los cadáveres que se consideran puros (bebés, shadús o santones, embarazadas, etc).

En Manikarnika, el ajetreo es constante. Hay más de cincuenta piras, por lo que se puede echar una ojeada a los distintos estadios del proceso. Tampoco hay que esperar mucho para que llegue un nuevo cadáver y se le prenda fuego. El ritual es sencillo, bastante prosaico. Los familiares, con cierto aspecto de hastío, permanecen sentados alrededor del cadáver.

Un improvisado guía nos explica que el sándalo es la mejor madera para las cremaciones. Eso explica que Manikarnika no huela como una pollería. Al contrario. Los cadáveres se consumen dejando el olor de un incienso denso y grasiento. Hacen falta doscientos kilos de sándalo para quemar un cadáver. El proceso lleva unas ocho horas y el cuerpo queda reducido a cenizas.

En Varanasi, la ciudad que los británicos llamaron Benarés, la muerte es algo muy simple. La sobrecogedora ornamentación judeocristiana, el Réquiem de Mozart y La muerte en Venecia de Thomas Mann, suenan aquí afectadas, exageradas. Aquí todo es sencillo. No hay más misterio que esos troncos de sándalo apilados junto al Ganges, esperando por cada uno de nosotros.

(Breve glosario: los ghats son las escaleras que descienden hacia el río; las pujas, las ceremonias religiosas. El vídeo es del Ganga Aarti, en Dasaswamedh Ghat; La foto, del baño al amanecer en el mismo lugar).

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1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Todavia tengo escalofrios cada vez que me acuerdo de Manikarnica. Para mi tambien, Varanasi, el lugar mas impresionante que he vivido.

14 febrero, 2009 23:57  

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