Cuaderno de Trieste

Blog personal de Gabriel Rodríguez

martes, diciembre 16, 2008

Jaisalmer


A las tres de la tarde, en Jaisalmer, el calor aún aplana hasta un punto difícil de comprender. Estamos en el desierto del Thar, una franja a caballo entre India y Pakistán en la que ambos países ejercitan su musculatura bélica. Pero a nuestro alrededor, la vida, el tiempo, parecen haberse detenido. Tan sólo el zureo perdido de alguna paloma o la brisa arenosa que sube desde el Thar rompen la quietud. ¿Cómo se puede vivir aquí?

La pregunta les resulta absurda, divertida incluso, a las gentes que viven en el desierto. ¿Cuál es el problema?, parecen querer decir mientras sonríen; ¿Acaso se puede vivir de otra forma? A veces me pregunto dónde imaginarán que vivimos nosotros, que venimos a pasar nuestro tiempo a un lugar tan desolador como es éste. Y sin embargo, la fascinación que ejerce el desierto es bien primaria. En el desierto no hay nada, tan sólo lo que el viajero que llega hasta aquí ha traído consigo. Este espacio vacío nos reduce a nuestro árido esqueleto.

El fuerte de Jaisalmer (que remite de nuevo a esas fabulosas fortalezas suspendidas en el aire que describe Calvino) hunde sus raíces en la montaña. Es inevitable imaginar la impresión que debía causar a los viajeros de antaño, que llegarían hasta aquí con las gargantas arrasadas por el polvo tras extenuantes jornadas a través de la geografía abrupta del Rajasthán. El contraste con la India vital y abigarrada del Este es brutal

Nuestro viaje tampoco ha sido cómodo. Hemos tardado once horas en un autobús que rebota contra la carretera cada diez metros. Once horas para recorrer unos insignificantes 400 km. en este cosmos que los europeos hemos decidido llamar Asia. Así que ahora no tenemos prisa y dejamos que la vista se nos vaya una y otra vez hacia el fuerte. El atardecer va cayendo y las murallas se tiñen con esta luz ocre y tibia del otoño. El tiempo va pasando poco a poco, como si los segundos fuesen las gotas de agua que van llenando un cubo de forma imperceptible.

Aquí, casi parece que uno no tiene pasado.

Poco después del anochecer, como pequeñas fogatas alimentadas por pueblos desconocidos, las luces comienzan a encenderse sobre la fortaleza dorada de Jaisalmer.

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3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Cuéntanos algo sobre la nueva foto del perfil... ¡esos maravillosos trenes indios!

17 diciembre, 2008 19:31  
Anonymous Anónimo said...

Hola Ga me gusta esta nueva versión de escritor de viajes que te marcas( que conste a pesar de ello que no quiero decir que la anterior me desagradase, muy al contrario).
No concozco el desierto pero ultimamente parece que hay demasiadas cosas que me lo traen a colación, creo que el Sáhara me está llamando, cual voz traida por el Harmattan.
Una atracción que debió gestarse en mi infantil imaginación con la primera lectura del Principito y cuyo última espoleta ha sido el paciente inglés. Por cierto hay un libro de Laszlo Almasy titulado "nadadores del desierto", te suena?, a ver si me hago con él.
No aburro más a nuestra querida concurrencia del café de Trieste, un saludo, hasta pronto.

28 diciembre, 2008 18:57  
Blogger Cuaderno de Trieste said...

Hola, lectores:

En esa foto estaba intentando domir en una litera del tren entre Agra y Delhi. No estaba muy limpia, pero era más o menos cómoda.

Me alegro de que te guste esta nueva versión de escritor de viajes, como tú dices; espero que lo único árido en ella sea...el desierto.

Besos a ambos

Gabriel

13 enero, 2009 14:06  

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