tag:blogger.com,1999:blog-260254922009-06-18T13:15:28.525+02:00Cuaderno de TriesteBlog personal de Gabriel RodríguezCuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.esBlogger53125tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-88322358849534710512009-06-18T13:07:00.002+02:002009-06-18T13:13:58.657+02:00Escribiendo desde un país lejano<a href="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Sjog99xNQ4I/AAAAAAAAAIk/rus2mCNu_vo/s1600-h/SICILIA+INVIERNO.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5348623756380947330" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 205px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Sjog99xNQ4I/AAAAAAAAAIk/rus2mCNu_vo/s320/SICILIA+INVIERNO.jpg" border="0" /></a><br /><div>Las circunstancias en que conocí a Nacho Ferrando no hacían presagiar el que fuese a despertar admiración alguna en mi persona; y es que tenía la irritante costumbre de ganar la mayor parte de los certámenes de cuentos a los que yo me presentaba. Con el tiempo encontré una solución para preservar mi autoestima: dejé de presentarme a certámenes y me dediqué a medirme con rivales de mi tamaño (es decir, conmigo mismo).<br /><br /> No sin cierto ánimo de flagelarme, seguí leyendo algunos de sus relatos. Descubrí que Ferrando, además de ganar certámenes de cuentos, tenía la irritante costumbre de escribirlos muy bien. Había en ellos una visión particular de la realidad, una visión esquinada, casi perversa en su afán de subvertir el orden habitual de las cosas. Se diría que observaba la realidad siguiendo una aguda máxima que en una ocasión le escuche a Luis Landero: “Cuando escribas, acuérdate de que vives en un país lejano.”<br /><br /> En general, hay en el panorama literario (suponiendo que haya algo a lo que se pueda llamar así) un cierto desprecio hacia los cuentos. Es fácil encontrar relatos publicados por notables novelistas que no son otra cosa que breves historias narradas con mayor o menor esmero, como escenas que no supieron encajar en ninguna de sus novelas. Pero no son verdaderos cuentos; se podría decir que no tienen ninguna intención literaria profunda. Menos frecuente pero igual de frustrante es el caso contrario: el de los escritores que, amparados en una técnica solvente, producen cuentos en serie en los que poco o nada tienen que decir.<br /><br />Pero nada de eso ocurre en <em>Sicilia, invierno</em>, el segundo libro de relatos de Ignacio Ferrando, publicado por JdJ Editores. La materia prima no es otra que la reinterpretación de los clásicos: desde Ovidio y Homero a Valery o incluso a Gregor Mendel. Tal vez por todo eso, cada uno de los relatos es una pequeña pieza de artesanía, diferente a las demás, como si hubiese sido labrado sobre la madera adaptándose a sus nudosidades, sin pretender someterlas. Y es que Ferrando asume riesgos. No se conforma con lo obvio e invita al lector a un viaje lleno de dobleces y rugosidades, sin aleccionarlo si catequizarlo.<br /><br />Por eso <em>Sicilia, invierno</em> es un libro tan diferente; ni siquiera los relatos que lo componen se parecen demasiado entre sí. Son como billetes de tren que invitan a viajar al lector, expectante ante la certeza de que no hará dos viajes iguales e inquieto ante la perspectiva de que el viaje ilumine algún olvidado vericueto de su alma. Eso sí, siempre que el lector esté dispuesto a embarcarse en ese tipo de viajes.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-8832235884953471051?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es0tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-63317113975884452322009-05-21T12:59:00.005+02:002009-05-21T14:53:14.944+02:00Peleando contra el olvido<a href="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/ShU0lca2-VI/AAAAAAAAAIc/O2JrKQqyyEI/s1600-h/Héctor+Abad.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338230751206242642" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 234px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/ShU0lca2-VI/AAAAAAAAAIc/O2JrKQqyyEI/s320/H%C3%A9ctor+Abad.jpg" border="0" /></a><br /><div>En la mitología literaria clásica hay dos aproximaciones a las relaciones entre padres e hijos. La primera que viene a la cabeza es el Edipo de Sófocles. El conflicto se solventa por las bravas: Edipo mata a su padre y se acuesta con su madre. La solución no parece tan brutal si se valora la segunda aproximación: Saturno devora a sus hijos (dándole otra vuelta al asunto, también es comprensible que lo haga en aras de evitar que sus hijos den buena cuenta de él como hizo Edipo).<br /><br />Los ejemplos del conflicto son numerosos: desde la resentida <em>Carta al padre</em> de Kafka hasta la cáustica <em>Padres e</em> <em>hijos</em> de Tuguenev o las interioridades de los Amis. Pero en todos aparece ese conflicto. ¿Cómo se puede plantear entonces la relación sin conflicto? ¿Cómo se puede escribir sobre un padre que no te devora pero al cual tú tampoco tienes intención de liquidar?<br /><br />Imagino que esas son las preguntas que Héctor Abad Faciolince se debe de haber estado haciendo durante muchos años. Supongo también que comenzó a escribir <em>El olvido que seremos</em>, física o mentalmente, infinidad de veces, tal vez, cada día de su vida desde que su padre fue asesinado en el centro de Medellín.<br /><br />Faciolince cuenta una historia tan sencilla como fascinante. Es la historia de su padre y a la vez su propia historia. Tan sólo es la historia de un padre y un hijo que se quieren; y en la que el lector acabará también por quererlos a ambos, al padre y al hijo.<br /><br />El retrato que Faciolince hace de su padre, el médico Héctor Abad, es de un hombre bueno en el sentido que Machado le da al término (“<em>Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno</em>”, decía Machado). Un hombre que ama el arte y a los seres humano de toda condición en un país rebosante de tarugos (como casi todos). Pero Héctor Abad no es perfecto. Conserva ciertos prejuicios, comunes en su época y su obstinación le hacen ser algo ingenuo. Todo eso es lo que le hace de verdad humano.<br /><br />Este libro es el mejor regalo que Faciolince le pudo hacer a Héctor Abad. Sin sonar melindroso ni afectado, hace que el lector sienta que de verdad conoció al hombre bueno que fue Héctor Abad. Y lucha así, a lo largo de casi trescientas páginas, contra el desolador verso de Borges:<br /><br /><em>Ya somos el olvido que seremos</em></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-6331711397588445232?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es0tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-43790061860815117962009-04-22T13:17:00.003+02:002009-05-10T14:25:41.484+02:00A quien conmigo va<a href="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Se78_kJZq3I/AAAAAAAAAIU/jOkEJYfx4L4/s1600-h/ventana.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5327473578190941042" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 267px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Se78_kJZq3I/AAAAAAAAAIU/jOkEJYfx4L4/s400/ventana.jpg" border="0" /></a><br /><br /><div align="justify">Aunque a veces pueda parecer otra cosa, no siempre es posible andar vagando por el mundo. Hay ocasiones en las que toca replegarse en los cuarteles de invierno; y es un buen momento para leer, entre otras cosas, cómo vagan por el mundo los demás. Claro que, uno no viaja con cualquiera. Hay que seleccionar bien con quién se comparte mochila.<br /><br />Así que hay que buscar a alguien que camine por el mundo buscando lo mismo. O no buscando nada, que es la forma de buscarlo todo. Algo así es lo que hace Javier Reverte en <em>Corazón de Ulises</em>. Al leerlo, uno tiene la agradable impresión de haber compartido con él una charla al calor de una taberna, como si el cómodo lector fuese un parroquiano fijo y el autor un forastero recién llegado dispuesto a compartir noticias del ancho mundo a cambio de unas jarras de vino y un poco de compañía.<br /><br />La prosa de Javier Reverte es clara, envolvente; tiene hechuras de periodismo clásico, de tabaco negro y carajillo de sobremesa, con un aire que recuerda más a Vázquez Montalbán que a Kapuscinski. Tal vez el Reverte viajero tenga algo de Pepe Carvalho, de los detectives de cine negro. Se lo imagina uno aspirando humo con determinación y cierta amargura en un puerto, a punto de subirse a un barco para seguir las huellas de los viajeros que le precedieron, desde Ulises hasta Lord Byorn.<br /><br />Pero también puede que sea sólo fachada, porque en Reverte se adivina la generosidad del que no desea otra cosa que compartir aquello que ama, la del filósofo en el sentido etimológico del término. Sólo hay que estar dispuesto a echarse la mochila al hombro y compartir el polvo del camino.<br /><br />Y, al comenzar a andar, musitar la misma máxima que el misterioso marinero del Romance del Conde Arnaldos:<br /><br /><em>Yo no digo mi canción<br />Sino a quien conmigo va.</em></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-4379006186081511796?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es2tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-49816658516216993152009-03-26T13:52:00.007+01:002009-03-26T14:26:00.823+01:00Fisonomía del asesino: "Las benévolas", de Jonathan Littell<a href="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Sct7WJjOxoI/AAAAAAAAAIM/qYbgH4mkvW0/s1600-h/alhambrada.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317479405492029058" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 214px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Sct7WJjOxoI/AAAAAAAAAIM/qYbgH4mkvW0/s320/alhambrada.jpg" border="0" /></a><br /><div>Pensaba dejar este artículo para cuando se me hubiera pasado la impresión de haber leído <em>Las benévolas</em>, pero no hay manera; transcurridos unos cuantos días desde que cerré el libro, sigo sobrecogido por la monumental novela de Jonathan Littell. Y es que este libro, más que ponerte los pelos de punta (que te los pone, desde luego) acaba por hacer al lector cómplice de la barbarie y por someterle a la pesada sensación de culpabilidad colectiva.<br /><br />Digamos que la estrategia moral de Littel consiste en acortar la distancia que separa al criminal de la persona que no lo es hasta dejarla en un estrecho foso que se puede franquear con facilidad en ambas direcciones. Por ahí precisamente le han llegado las críticas negativas; por parte de quienes consideran que el personaje de Aue no es creíble.<br /><br />A mí, en cambio, sí me parece creíble. La hipótesis que defiende Littel es la siguiente: que el verdugo puede ser un tipo culto, sensible incluso, y no necesariamente ha de ser un carnicero escaso de luces. Me viene a la memoria, por ejemplo, el torturador de <em>La muerte y la doncella</em>, que violaba mujeres mientras escuchaba a Schubert.<br /><br />Y es que Max Aue, el protagonista de la novela que va medrando en las SS, tiene su encanto si uno lo contempla desde la lógica del momento. Es educado, inteligente, eficaz, culto; se emociona con Flaubert y Stendhal, con Beethoven y Haydn y disfruta de las conversaciones inteligentes y de la buena comida y bebida. Cuando trabaja, se ocupa del exterminio de los judíos con el mismo celo profesional con el que despacha asuntos de logística e intendencia.<br /><br />La visión de Littell va en la misma dirección que la de Irène Némirowsky en <em>Suite</em> <em>francesa</em>. El maniqueísmo no vale. La ficción lacrimógena (Spielberg, por ejemplo) no nos explica nada sobre lo ocurrido. Magris apunta en <em>El Danubio</em> que el libro más conmovedor sobre los campos de exterminio es <em>Comandante en Austchwitz</em>, redactado por Rudolf Höss justo antes de que le ahorcasen.<br /><br />Una de las más elocuentes paradojas que cuenta <em>Las benévolas</em> es la explicación de que en las SS no se ve con buenos ojos a quienes ejecutan judíos con desprecio y sadismo, disfrutando incluso con ello. Nada de eso. La idea, según nos cuenta Aue, es que hay que hacerlo porque es necesario hacerlo, pero no por gusto. De hecho, él no tiene inconveniente en ser educado e incluso agradable con los judíos o soldados rusos a punto de ser ejecutados con los que tiene trato. Es inflexible en el cumplimiento de su deber, pero no es una máquina de odiar.<br /><br />Este libro es un viaje al corazón de las SS y a los núcleos del poder del Tercer Reich. Pero no hay en él moralinas biempensantes que simplifiquen la condición humana.<br /><br />Porque en el fondo, Aue somos todos y cada uno de nosotros.</div><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-4981665851621699315?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es5tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-3133714273659639762009-03-06T14:10:00.001+01:002009-06-18T13:15:28.534+02:00Breve terapia suiza<a href="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SbEhTxtYJKI/AAAAAAAAAIE/83uX5GQcf3Y/s1600-h/Norte-del-Eiger.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5310062059291419810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SbEhTxtYJKI/AAAAAAAAAIE/83uX5GQcf3Y/s400/Norte-del-Eiger.jpg" border="0" /></a><br /><div>Hay países que te libran de la inquietud de una bofetada: basta con aterrizar y recibir la primera bocanada de humanidad contante y sonante como para que al viajero se le quite la tontería occidental; en otros, sin embargo, la terapia es más gradual: la melancolía se adormece un poco, se respiran unas bocanadas de aire glaciar, se observa el cielo enrejado por la maraña de cables de tranvía y se vuelve uno a casa más relajado. Obviamente La India pertenece al primer grupo y Suiza al segundo.<br /><br />Siempre que uno comienza un viaje, algún recuerdo, muchas veces un estereotipo, aflora desde el subconsciente. Camino de Suiza, se me ocurren dos. Primero, el romanticismo de Hans Castorp, el joven más herido en el alma que en el cuerpo que acudía a una clínica suiza en una de las mejores novelas de todos los tiempos: <em>La montaña mágica</em>, de Thomas Mann. Segundo, la lapidaria frase del cínico Harry Lime que interpreta Orson Welles en <em>El tercer hombre</em>, en la que dice que la sangrienta Italia de los Borgia produjo a Leonardo, Miguel Ángel y el Renacimiento, mientras que los quinientos años de democracia, paz y amor en Suiza produjeron el reloj de cuco.<br /><br />Pero la realidad siempre va por otro lado, y pronto nos encontramos embebidos en el frío de Zurich y nos olvidamos de Castorp, Welles y demás mitología. De hecho, pronto nos enteramos de que los suizos están obligados a cumplir tres semanas anuales de servicio militar obligatorio.<br /><br />Aquí la civilización llega hasta donde la naturaleza lo permite: a 2000 metros de altitud, en el puerto de Kleine Scheidegg, junto a la parada del tren cremallera, se percibe la misma tranquilidad que en las aseadas calles de Zurich; pero un poco más allá se adivinan las fronteras del mundo civilizado en la base del kilómetro y medio largo de altura de la cara norte de Eiger o en los seracs suspendidos.<br /><br />Es un auténtico privilegio dar cuenta del típico rancho germano (salchicha, sauerkraut y cerveza) frente a la Eiger-Nordwand, la cara norte de la montaña que los suizos llamaron “Ogro”. Pocos lugares arrostran tanto malditismo alpino como esta pared. Como si fuera un lienzo gigantesco, Heickmar, Harrer, Terray, Lachenal, Bonnington, Messner, Habeler o Steck han trazado parte de sus vidas verticales sobre esta imponente pared. Algunos, como los maños Rabadá y Navarro, se quedaron en ella para siempre.<br /><br />Al día siguiente, Los Alpes no nos dejan ni acercarnos. Una nieve suave y constante cae sin tregua sobre las tranquilas calles de Berna. Toca refugiarse en los bares, donde de día el café estimula y de noche la cerveza aletarga. No parece que sea un problema para esta mezcla de suizos y españoles que formamos, todos buenos comedores y bebedores.<br /><br />Pero los días pasan con rapidez y el tiempo se nos acaba. A diferencia de Rabadá y Navarro, a diferencia de Hans Castorp, poco después nos subimos a un avión que nos devuelve a casa.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-313371427365963976?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es0tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-82931782817737372392009-02-09T13:47:00.005+01:002009-02-09T15:07:38.374+01:00200 kilos de sándalo<a href="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SZAmi_X4_iI/AAAAAAAAAHs/tmWTlm_rLWE/s1600-h/Varanasi2.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5300779143984119330" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SZAmi_X4_iI/AAAAAAAAAHs/tmWTlm_rLWE/s400/Varanasi2.jpg" border="0" /></a><br />Puede que Varanasi, la antiquísima ciudad que los británicos llamaban Benarés, sea el lugar más extraño en el que he estado jamás; y sin embargo, al mismo tiempo, todo parece sencillo. Si hay algún lugar en el que uno perciba que la vida y la muerte no son sino segmentos consecutivos de la misma línea continua, es éste.<br /><br />Lo primero que hacemos al llegar es asomarnos al Ganges. Acaba de anochecer cuando llegamos al Dasaswamedh Ghat, una de las principales escalinatas que descienden hacia el río. Jóvenes brahamanes ejecutan el Ganga Aarti, una puja entre el fuego. Lo hacen desde hace más de veinte siglos en este mismo lugar, de cara al Ganges, como si fueran los mismos sacerdotes que se reencarnan en otros cuerpos desde tiempos inmemoriales. Mark Twain dijo que esta ciudad era más antigua que la propia historia.<br /><br />De repente me siento solo entre la multitud. El bullicio me llega con sordina. Desciendo despacio los escalones hasta que la presencia lechosa del Ganges se me revela en la oscuridad.<br /><br />Durante los días siguientes caminamos una y otra vez entre los ghats, como si buscáramos algo. Pero la realidad es que aquí, en Varanasi, no hay nada oculto. Todo está a la vista y el misterio es a la vez su simpleza. Decir que el Ganges, Ganga como aquí lo llaman, es un personaje más de la ciudad es quedarse muy corto. El Ganges es más bien una omnipresencia húmeda y densa sobre toda la ciudad.<br /><br />Una y otra vez nos diluimos en el tráfico de las calles principales. Su densidad es difícil de entender para un occidental. El peatón no es un individuo que camina; es más bien una partícula que no puede sino dejarse llevar por la circulación. Como el Ganges, aquí lo colectivo es un torrente que arrastra todo lo individual. Dice Álvaro Enterría en <em>La India por dentro</em> que el tráfico aquí es una metáfora de todo el país: siempre parece a punto del colapso y siempre consigue seguir avanzando.<br /><br />Cada anochecer vemos varios cortejos fúnebres. Llevan el cadáver sobre una angarilla, apenas cubierto por un sencillo sudario. Avisan de su paso para que la gente se aparte, nos adelantan rápidamente y se pierden enseguida por las callejuelas camino de Manikarnika, el ghat crematorio.<br /><br />Manikarnika es un amplio ghat, bastante oscuro por las noches y más sucio que otros. En algunas partes, es un auténtico lodazal. Pero lo que lo hace especial es que es el principal crematorio de la ciudad. Aquí se queman unos doscientos cadáveres al día. Todos los muertos de la ciudad, salvo los que no puedan pagarse la leña (que irán al crematorio eléctrico) o los cadáveres que se consideran puros (bebés, shadús o santones, embarazadas, etc).<br /><br />En Manikarnika, el ajetreo es constante. Hay más de cincuenta piras, por lo que se puede echar una ojeada a los distintos estadios del proceso. Tampoco hay que esperar mucho para que llegue un nuevo cadáver y se le prenda fuego. El ritual es sencillo, bastante prosaico. Los familiares, con cierto aspecto de hastío, permanecen sentados alrededor del cadáver.<br /><br />Un improvisado guía nos explica que el sándalo es la mejor madera para las cremaciones. Eso explica que Manikarnika no huela como una pollería. Al contrario. Los cadáveres se consumen dejando el olor de un incienso denso y grasiento. Hacen falta doscientos kilos de sándalo para quemar un cadáver. El proceso lleva unas ocho horas y el cuerpo queda reducido a cenizas.<br /><br />En Varanasi, la ciudad que los británicos llamaron Benarés, la muerte es algo muy simple. La sobrecogedora ornamentación judeocristiana, el <em>Réquiem</em> de Mozart y <em>La muerte en Venecia</em> de Thomas Mann, suenan aquí afectadas, exageradas. Aquí todo es sencillo. No hay más misterio que esos troncos de sándalo apilados junto al Ganges, esperando por cada uno de nosotros.<br /><br /><p><object width="320" height="266" class="BLOG_video_class" id="BLOG_video-ab88bfe04bc0ce99" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="movie" value="http://www.blogger.com/img/videoplayer.swf?videoUrl=http%3A%2F%2Fvp.video.google.com%2Fvideodownload%3Fversion%3D0%26secureurl%3DqAAAAP0YN7YpWvFNWPjMMOzGjlXXWxh9fQOT659U0Tt8EWh1jP8DlabkrahGg3DLcOeZujOW0ifSHLdqKIvIHlIhSgF_ciaacD3wHYGPFQDLx0rLfdPQLpWSWQ1m9_eESWUcdo7ZwtIAIOE0VTsr1G_DUjMpOmFGOfq86TiKtEhX0iL-0pCTBXoBGGntDcwhQjSJeGc-vjHgPQB9Tyn7ZpMACpzTtViqTNP-KcZil43J-_Zw%26sigh%3DaK08Hprh6szhCgXw0pkfVZZLyA4%26begin%3D0%26len%3D86400000%26docid%3D0&nogvlm=1&thumbnailUrl=http%3A%2F%2Fvideo.google.com%2FThumbnailServer2%3Fapp%3Dblogger%26contentid%3Dab88bfe04bc0ce99%26offsetms%3D5000%26itag%3Dw320%26sigh%3DXBD3PohrXrXuYcDls4Y1a-U4t6A&messagesUrl=video.google.com%2FFlashUiStrings.xlb%3Fframe%3Dflashstrings%26hl%3Den"><param name="bgcolor" value="#FFFFFF"><embed width="320" height="266" src="http://www.blogger.com/img/videoplayer.swf?videoUrl=http%3A%2F%2Fvp.video.google.com%2Fvideodownload%3Fversion%3D0%26secureurl%3DqAAAAP0YN7YpWvFNWPjMMOzGjlXXWxh9fQOT659U0Tt8EWh1jP8DlabkrahGg3DLcOeZujOW0ifSHLdqKIvIHlIhSgF_ciaacD3wHYGPFQDLx0rLfdPQLpWSWQ1m9_eESWUcdo7ZwtIAIOE0VTsr1G_DUjMpOmFGOfq86TiKtEhX0iL-0pCTBXoBGGntDcwhQjSJeGc-vjHgPQB9Tyn7ZpMACpzTtViqTNP-KcZil43J-_Zw%26sigh%3DaK08Hprh6szhCgXw0pkfVZZLyA4%26begin%3D0%26len%3D86400000%26docid%3D0&nogvlm=1&thumbnailUrl=http%3A%2F%2Fvideo.google.com%2FThumbnailServer2%3Fapp%3Dblogger%26contentid%3Dab88bfe04bc0ce99%26offsetms%3D5000%26itag%3Dw320%26sigh%3DXBD3PohrXrXuYcDls4Y1a-U4t6A&messagesUrl=video.google.com%2FFlashUiStrings.xlb%3Fframe%3Dflashstrings%26hl%3Den" type="application/x-shockwave-flash"></embed></object></p><p>(Breve glosario: los <em>ghats</em> son las escaleras que descienden hacia el río; las <em>pujas</em>, las ceremonias religiosas. El vídeo es del Ganga Aarti, en Dasaswamedh Ghat; La foto, del baño al amanecer en el mismo lugar).</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-8293178281773737239?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es1tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-13126824871790069732009-01-13T13:56:00.006+01:002009-01-13T14:03:20.656+01:00Recomendaciones para 2009<a href="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SWyPwHQgw3I/AAAAAAAAAHg/PQ-AvrZAl_o/s1600-h/Gordes.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290761718998287218" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 307px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SWyPwHQgw3I/AAAAAAAAAHg/PQ-AvrZAl_o/s400/Gordes.jpg" border="0" /></a><br /> Con algo de retraso, como viene siendo habitual, os hago llegar la lista de recomendaciones para este año que acaba de empezar. Como siempre, es una selección arbitraria que he hecho entre mis lecturas de 2008.<br /><br />El retraso se debe (y lo digo más como recomendación que como disculpa) a que he pasado los primeros días del año perdiéndome por la Provenza francesa. Ya dice Thomas Mann en <em>La muerte en Venecia</em> que viajar es una medida higiénica que uno debe adoptar de tanto en tanto. Especialmente, añado yo, si uno vive en un país como España.<br /><br />Son doce lecturas para doce meses. Hay menos novelas y más ensayos que en las recomendaciones de años anteriores. He incorporado tres cómics por la sencilla razón de que me parecen de lo más inteligente que he leído este año. Hay también dos fantásticos libros sobre la India y dos libros de ficción que no son novelas.<br /><br />Os deseo salud, paz y buenas lecturas para 2009; y recordad que quien más tiempo pasa leyendo, menos tiempo tiene para masacrar a sus vecinos, costumbre esta muy arraigada en la historia de la humanidad.<br /><br /><strong>-Bartleby y compañía</strong>, de Enrique Vila- Matas (Anagrama). ¿Por qué demonios debe escribir un escritor? ¿Por qué no puede uno limitarse a la aplastante desidia de Bartleby, el personaje de Melville que ante cualquier orden, invitación o sugerencia respondía de forma lacónica e invariable con su “preferiría no hacerlo”? ¿Qué hay de los escritores sin obra? ¿Se puede escribir un libro sólo con notas a pie de página?<br /><br /><strong>-¿Quiere ser millonario?,</strong> de Vikas Swarup (Anagrama). Originalísima novela sobre la historia de un país extraordinariamente complejo: La India. Todo en quince preguntas y sus respuestas, como en el célebre concurso de televisión.<br /><br /><strong>-El antropólogo inocente</strong>, de Nigel Barley (Anagrama). Las andanzas de un cáustico antropólogo entre los dowayos de Camerún. Sin paternalismos etnocéntricos.<br /><br /><strong>-El mal de Portnoy,</strong> de Philip Roth (Mondadori). Uno de los mejores libros del novelista de Newark. Roth en carne viva, supurando mordacidad y humor negro y con la saludable costumbre de reírse sin piedad de los suyos.<br /><br /><strong>-La tregua,</strong> de Mario Benedetti (Bibliotex). En una de sus más célebres novelas, el escritor uruguayo indaga en los mecanismos del desencanto; en cómo la vida se va escapando entre los dedos sin que nada se pueda hacer para evitarlo.<br /><br /><strong>-La India por dentro: una guía cultural para el viajero,</strong> de Álvaro Enterría. Exhaustivo y amena enciclopedia de la India. Nada de tópicos ni de superficialidades. Una verdadera joya escrita con pasión y erudición sobre este complejo país.<br /><br /><strong>-Los adioses,</strong> de Juan Carlos Onetti (Punto de lectura). La novela que Onetti prefería de entre las suyas. Un relato en el que parece no pasar casi nada, pero en el que pasa casi de todo.<br /><br /> “Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos;”<br /><br /><strong>-Cabeza de perro,</strong> de Morten Ramsland (La Salamandra). La novela tiene siempre algo de mítico, de historia primigenia o fundacional. A esa narrativa alucinada de García Márquez o Gunter Grass es la que corresponde esta magnifica novela.<br /><br /> “En algún lugar de este de Alemania, mi abuelo atraviesa corriendo una llanura. Los alemanes lo persiguen y ha perdido un zapato; está helando. La media luna extiende un pálido brillo sobre el paisaje y lo transforma en un campo arado con soldados congelados y semienterrados en el barro.”<br /><br /><strong>-Páginas ocultas de la historia</strong>, de Fernando Marías y Juan Bas (Destino). Las conspiraciones contienen una interesante paradoja: suelen ser pura memez en el terreno periodístico y pero también entretenidas en la ficción. ¿Y si Goya hubiera pintado tres majas? ¿Y si Lorca hubiese sobrevivido a su fusilamiento?<br /><br /><strong>-Pyongyang</strong>, de Guy Delisle (Astiberri). Visto desde fuera, el sistema político de Corea del Norte es lo más delirante que cabe imaginar. ¿Qué es exactamente el Juche? ¿Cuál es la frontera entre la ideología y la religión?<br /><br /><strong>-Gorazde: zona protegida</strong>, de Joe Sacco (Planeta DeAgostini). Un imprescindible sobre el conflicto de los Balcanes dibujado por un auténtico reportero de guerra. Las viñetas de Sacco son espectaculares.<br /><br /><strong>-Persépolis</strong>, de Marjane Satrapi (Norma Editorial). Satrappi viene a ser algo así como una Mafalda en Teherán. Con sensibilidad e inteligencia, cuenta la historia reciente de su país a través de la suya propia.<br /><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-1312682487179006973?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es3tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-72721147749132323472008-12-16T19:48:00.003+01:002008-12-16T19:54:41.428+01:00Jaisalmer<a href="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SUf4TEio-sI/AAAAAAAAAGw/GAgIAubPdkM/s1600-h/Jaisalmer1.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280462094635432642" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SUf4TEio-sI/AAAAAAAAAGw/GAgIAubPdkM/s400/Jaisalmer1.jpg" border="0" /></a><br />A las tres de la tarde, en Jaisalmer, el calor aún aplana hasta un punto difícil de comprender. Estamos en el desierto del Thar, una franja a caballo entre India y Pakistán en la que ambos países ejercitan su musculatura bélica. Pero a nuestro alrededor, la vida, el tiempo, parecen haberse detenido. Tan sólo el zureo perdido de alguna paloma o la brisa arenosa que sube desde el Thar rompen la quietud. ¿Cómo se puede vivir aquí?<br /><br />La pregunta les resulta absurda, divertida incluso, a las gentes que viven en el desierto. <em>¿Cuál es el problema?,</em> parecen querer decir mientras sonríen; <em>¿Acaso se puede vivir de otra</em> <em>forma?</em> A veces me pregunto dónde imaginarán que vivimos nosotros, que venimos a pasar nuestro tiempo a un lugar tan desolador como es éste. Y sin embargo, la fascinación que ejerce el desierto es bien primaria. En el desierto no hay nada, tan sólo lo que el viajero que llega hasta aquí ha traído consigo. Este espacio vacío nos reduce a nuestro árido esqueleto.<br /><br />El fuerte de Jaisalmer (que remite de nuevo a esas fabulosas fortalezas suspendidas en el aire que describe Calvino) hunde sus raíces en la montaña. Es inevitable imaginar la impresión que debía causar a los viajeros de antaño, que llegarían hasta aquí con las gargantas arrasadas por el polvo tras extenuantes jornadas a través de la geografía abrupta del Rajasthán. El contraste con la India vital y abigarrada del Este es brutal<br /><br />Nuestro viaje tampoco ha sido cómodo. Hemos tardado once horas en un autobús que rebota contra la carretera cada diez metros. Once horas para recorrer unos insignificantes 400 km. en este cosmos que los europeos hemos decidido llamar Asia. Así que ahora no tenemos prisa y dejamos que la vista se nos vaya una y otra vez hacia el fuerte. El atardecer va cayendo y las murallas se tiñen con esta luz ocre y tibia del otoño. El tiempo va pasando poco a poco, como si los segundos fuesen las gotas de agua que van llenando un cubo de forma imperceptible.<br /><br />Aquí, casi parece que uno no tiene pasado.<br /><br />Poco después del anochecer, como pequeñas fogatas alimentadas por pueblos desconocidos, las luces comienzan a encenderse sobre la fortaleza dorada de Jaisalmer.<br /><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-7272114774913232347?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es3tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-24066134164111785622008-12-16T19:46:00.001+01:002008-12-16T19:48:26.850+01:00<a href="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SUf37BkcPUI/AAAAAAAAAGo/Ps1raEzWEV0/s1600-h/Jaisalmer2.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280461681520819522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SUf37BkcPUI/AAAAAAAAAGo/Ps1raEzWEV0/s400/Jaisalmer2.jpg" border="0" /></a><br /><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-2406613416411178562?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es0tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-21420373467253454062008-11-07T12:57:00.001+01:002008-11-07T13:00:48.973+01:00Los viajes y la nostalgia<a href="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SRQtc-S3jyI/AAAAAAAAAEw/pe4XfFzLvtc/s1600-h/Jaipur1.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5265883840084676386" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SRQtc-S3jyI/AAAAAAAAAEw/pe4XfFzLvtc/s400/Jaipur1.gif" border="0" /></a><br /><br /><br /> En <em>Las ciudades invisibles</em>, la fabulosa geografía apócrifa de Calvino, Marco Polo y el Kublai Khan indagan en los motivos que han hecho al primero alejarse de su patria chica. Marco Polo explica que cada ciudad que atraviesa le devuelve un pedazo de memoria que había perdido; que cuando explora ciudadelas inexpugnables y palacios remotos no hace otra cosa que recuperar la plazuela veneciana en la que jugaba de niño. Finalmente, el Kublai Khan comprende. “¡Entonces el tuyo es un viaje en la memoria!”, le dice; “¡Has venido tan lejos para librarte de tu carga de nostalgia!”.<br /><br /> Quizá el Marco Polo de Calvino se sorprendiera ante la certera deducción de su interlocutor. El viajero tiene siempre algo de misterioso, casi de visionario. Y sin embargo el Kublai Khan descubre que el mecanismo que lo impulsa es bien simple, como si fuera una catapulta que carga la nostalgia y aleja el viajero de su casa cada vez que regresa a ella.<br /><br /> Siempre que salgo de viaje escucho a mi alrededor el mismo tipo de comentarios: “Qué suerte”, “Qué envidia”, “Qué bien te lo montas”. Provienen de los que no suelen viajar, de los que se quedan en sus casas (casi siempre, y en contra de lo que les gusta creer, porque así lo desean).<br /><br />Vivir como uno elige es un enorme privilegio, desde luego, ya sea con viajes o sin ellos. Cada uno gestiona sus recursos como mejor quiere o puede y nada hay de malo en ello. Sin embargo, siento que esas personas que envidian mi suerte (o creen que lo hacen) nada saben de los problemas que arrostra el que viaja. Ellos jamás piensan en las jornadas de más de veinticuatro horas y en el agotamiento que provocan, ni en el mareo inevitable de los autobuses que rebotan sobre carreteras irregulares, ni en las diarreas que uno sufre en retretes oxidados, ni en las jornadas extenuantes en las que uno camina sin rumbo en ciudades enormes y extrañas a más de treinta grados. No creo que nadie envidie eso. A todo el mundo le gustan, eso sí, las fotos, las anécdotas y la experiencia exótica de haberse alejado un poco de casa.<br /><br />Y sin embargo, a pesar de todo, vuelvo a salir de viaje una y otra vez. Hay varios motivos para ello. Supongo que en esos momentos en los que estoy lejos considero que estoy donde debería estar, como si escapara de algún destino inexorable que me acecha cuando estoy cómodamente en mi ciudad. Siento que los días no pasan en balde y que los esfuerzos no son en vano. Y además tengo la impresión de hacerlo más o menos bien, cuando es hecho probado que en mi vida ordinaria (la occidental civilizada) tiendo a ser vago y chapucero.<br /><br />Pero tal vez, igual que le ocurre al Marco Polo de Calvino, sea una nostalgia inevitable y de origen desconocido la que me impulsa a moverme. Y es que el que viaja se comporta como un imán de polaridad cambiante al que la patria atrae cuando está lejos y repele en cuanto se regresa a ella, como si Marco Polo y el Kublai Khan convivieran en el interior de uno mismo.<br /><br />(Un nostálgico cualquiera paseando por las destartaladas calles de Jaipur.)<br /><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-2142037346725345406?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es8tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-14144238713309496212008-09-27T12:28:00.008+02:002008-09-29T09:27:23.282+02:00El Taller de Escritura de Madrid<a href="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SN4LpnEKQ9I/AAAAAAAAAEY/AUDZq-guORs/s1600-h/extracción.bmp"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5250647025049551826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SN4LpnEKQ9I/AAAAAAAAAEY/AUDZq-guORs/s400/extracci%C3%B3n.bmp" border="0" /></a><br /><div>Curioseando por Internet (el hipervínculo es uno de los grandes inventos de la humanidad) me encuentro con el blog de Enrique Páez, que fue mi primer profesor en el Taller de Escritura de Madrid.<br /><br />Hace ahora seis años que entré por primera vez en el Taller de Escritura. Yo llevaba ya un año en la ciudad y no lograba liberarme de la sensación de que me estaba perdiendo algo sustancial de lo que allí ocurría. Faltaban aún dieciocho meses para que Madrid saltara por los aires y poco más para que yo me fuera de la ciudad.<br /><br />El taller era un bajo de la Calle Ruiz, en el corazón de Malasaña. Enrique presidía una larga mesa y los alumnos le flanqueábamos. Sobre la mesa había una jarra de agua, algún café mediado, un par de montones de sugus, velas encendidas y cigarros humeantes en los ceniceros. Todo muy tópico, sí, pero imagino que todos necesitábamos despertar algo la creatividad, aunque fuera a base de un recurso tan primario. Y es que la mistificación de la literatura, la mentira permanente, se asienta con facilidad sobre los tópicos.<br /><br />Eso sí, si alguien esperaba que Enrique fuera el sacerdote que oficiara entre tanta liturgia, se equivocaba por completo. Enrique tenía poco de sacerdotal. Era más bien un colega (muy) aventajado, un compañero gamberro que uno imaginaba más lanzando perdigones de papel al profesor que impartiendo doctrina sobre la tarima. Nunca sabías si iba a decantar hacia la socarronería o hacia la ternura.<br /><br />Los alumnos de aquel curso aprendimos algunos trucos básicos del oficio de escribir (hoy pienso, más bien, que este oficio se rige por la anarquía de tener que aprender todo de nuevo cada vez que uno se sienta al teclado). Como ávidos simbiontes, absorbíamos y procesábamos los relatos de cada uno de nosotros. Discutíamos sobre Kafka, Cortázar o Carver (Carver, siempre, Carver) como si se tratara del vecino del cuarto izquierda que no nos ha dejado pegar ojo o del pescadero que nos ha endosado una pescadilla poco fresca.<br /><br />Todos íbamos a ser grandes escritores. Los premios literarios, las editoriales y los suplementos culturales estaban esperando por nosotros. Éramos más bien ingenuos, aunque en la ingenuidad siempre hay ilusión (si es que ingenuidad e ilusión no son exactamente lo mismo). Con el ojo de un experto, Enrique apuntaba hacia los puntos flacos de nuestros cuentos y nosotros nos creíamos que serían geniales a poco que los apuntalásemos.<br /><br />Como casi siempre ocurre, la realidad luego fue por otro sitio. Aunque no por ello dejo de recordar con cariño a todos los que nos afanábamos en aprender a escribir a costa de robarle unas horas semanales al mundo contante y sonante.<br /><br />Hace ahora seis años que salí de mi primera clase con Enrique Páez en el Taller de Escritura de Madrid. Notaba un borboteo dentro del pecho, como una llama diminuta que pedía a gritos ser avivada. Poco después me diluí en los regueros de gente de Gran Vía. Si alguien se hubiese fijado en mí, hubiera visto que iba flotando varios centímetros por encima del suelo.</div><div></div><div></div><div></div><div></div><div></div><div>(La imagen es la "Extracción de la piedra de la locura", de El Bosco. La lámina estaba colgada en el Taller de Escritura. ¿Por qué?)</div><div></div><div></div><div></div><div>(El blog de Enrique lo podéis leer en:</div><div><a href="http://enriquepaez.blogspot.com/">http://enriquepaez.blogspot.com/</a> )</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-1414423871330949621?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es2tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-6762714794653718842008-08-17T18:58:00.003+02:002008-08-17T19:08:21.435+02:00Nosotros, los civilizados europeos<a href="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SKhY-Mi_wKI/AAAAAAAAAEQ/2YB1JJ9_bic/s1600-h/tiflis2.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5235532392361345186" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SKhY-Mi_wKI/AAAAAAAAAEQ/2YB1JJ9_bic/s400/tiflis2.jpg" border="0" /></a><br /><div> Ya saben los sufridos lectores de este cuaderno sin rumbo, si es que alguno queda por ahí, que tengo por costumbre aparcar de cuando en cuando lo literario y descender al pringoso mundo real; y si no lo hago más a menudo es por lo mucho que me aburre persistir en lo obvio y no porque no haya motivos para el cabreo ciudadano a diario.<br /><br /> Como alternativa estival a las atestadas playas, Putin se está dedicando a matar gente en el Cáucaso, con la complicidad del memo de Saakashvili, que le ha dado un pretexto, y la indiferencia del resto de la humanidad, atareada en un vano intento de sumar más medallas que China.<br /><br /> Imagino que debe de ser tan antiguo como el propio ser humano ese principio que dice que siempre importa más quién sea el criminal que cuál sea el delito; lo que supone que jamás veremos sentados junto al canalla de Karadzic a ningún criminal israelí, a los macarras que idearon la guerra de Irak o al propio Putin. Del mismo modo, hay países capaces de llevar su oneroso pasado con mayor donaire que otros: polacos, franceses y rusos se aplicaron con tesón a la labor de exterminar judíos durante diversos momentos del siglo XX, sin que haya jamás pesado sobre ellos la pesada carga que portan los alemanes por sus atrocidades pasadas.<br /><br /> En el caso de los civilizados europeos, hay que reconocer que saltamos como resortes en cuanto los EEUU se embarcan en alguna tropelía. Es especialmente revelador el caso de las guerras que asolaron los Balcanes tras la desintegración de Yugoslavia. Durante casi diez años, los europeos no dijimos esta boca es nuestra mientras bosnios, croatas y especialmente serbios se dedicaban a limpiezas étnicas y violaciones en masa. Eso sí, nos pareció intolerable que la OTAN bombardeara Belgrado en 1999 para detener guerra de Kosovo. Puestos a elegir verdugo, parece mejor que a uno le ataquen los EEUU, ya que eso siempre asegura unas dosis de solidaridad de la izquierda europea (de la derecha es mejor no esperar nunca nada, claro).<br /><br />Así que me temo que los georgianos lo tienen crudo. Ni la culpa es de Bush esta vez ni su conflicto está de moda como la ocupación china del Tíbet. Todo lo que haremos nosotros, los civilizados europeos, será decirle a Putin que no haga tanto ruido en su patio trasero. Y con el mismo cuajo con el que hace un par de meses aprobamos una ley para meter a los inmigrantes en campos de concentración (recuperando una arraigada tradición europea, sin duda), seguiremos creyéndonos el centro del mundo civilizado.</div><div> </div><div>(Tiflis, la capital de Georgia.)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-676271479465371884?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es3tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-11044696228629148152008-07-10T20:43:00.002+02:002008-12-08T22:26:37.074+01:00Primavera en Salamanca y algunas lecturas<a href="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SHZY0UQmHhI/AAAAAAAAAEI/cfuIqjLVouQ/s1600-h/Blake_et_Mortimer.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5221458473797426706" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SHZY0UQmHhI/AAAAAAAAAEI/cfuIqjLVouQ/s400/Blake_et_Mortimer.jpg" border="0" /></a><br /><div>Paso la última parte del curso en Salamanca. Llego en tren una mañana con la esperanza de quedarme algún tiempo. Nunca había estado antes aquí en primavera y la ciudad rebosa vida. La Plaza Mayor parece estar siempre renovándose.<br /><br />Los primeros días son aún frescos. Una persistente llovizna de madrugada deja limpias las mañanas. Luego vendrá el calor, seco como en toda Castilla.<br /><br />Aprovecho para recuperar el contacto con mi amigo Jimmy, que vive feliz en esta ciudad desde hace algunos años, trabajando de día y leyendo (y viviendo) de noche. Entre cafés con hielo y cervezas en sesión vespertina repasamos varios de nuestros mitos: hablamos de Silvio, de Delibes, de Sabina, de la fantástica novela de Yann Martel, de los Monthy Phyton, de Leonard Cohen, de los Panero (cómo no), de los bares, de las noches, del paso del tiempo, de la vida. En su biblioteca acaricio con los dedos las letras de las firmas de Neruda, Cortázar y Sábato sobre el “Canto general”, “Rayuela” y “El escritor y sus fantasmas”.<br /><br />Siempre que me cruzo con él aprendo algo. Me habla de Nacho Vegas y de Iván Ferreiro, que no tardo en incorporar a mi lista de favoritos; bajo su tutela leo a Kurt Vonnegut y una novela originalísma: “¿Quiere ser millonario?”, del escritor indio Vikas Swarup. También me recomienda “Maus” la genial novela gráfica de Art Spiegelman, la serie “Paracuellos” de Carlos Giménez y los cómics de Joe Sacco sobre Palestina y Los Balcanes. Intento ser de alguna utilidad y le hablo de Martin Amis, Cees Nooteboom o Tibor Fischer.<br /><br />Durante estos últimos meses he pasado bastante tiempo en ciudades en las que apenas conozco a nadie. Tengo mucho tiempo para pasear y leer, así que en cuanto puedo solicito el carné de la biblioteca pública que alberga la Casa de las Conchas. Paso allí varias tardes al fresco, entre los pasillos crujientes y los anaqueles repletos. Como concesión nostálgica leo los cómics de Mortimer y Blake de Edgar P. Jacobs que no leí de pequeño. Entonces me parecían el colmo de la sofisticación; ahora podrían resultar hasta casposos (pero aún así disfruto de la lectura: tal vez haya una cierta ingenuidad que no se deba perder).<br /><br />El tiempo se va escurriendo deprisa y el sol de verano se acaba por instalar en la perpendicular de la ciudad. Cincuenta días después de haber llegado, cargado de nuevas lecturas, me subo a otro tren que cruza una Castilla que aún conserva algo de verdor.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-1104469622862914815?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es2tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-89785286673815866432008-06-01T18:03:00.002+02:002008-12-08T22:26:37.193+01:00La primavera en Corfú: Gerald Durrell<a href="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SELJIkYGNGI/AAAAAAAAAEA/MGO5Tz2dRYw/s1600-h/old_man_juniers_trap_hi.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5206945268234597474" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SELJIkYGNGI/AAAAAAAAAEA/MGO5Tz2dRYw/s400/old_man_juniers_trap_hi.jpg" border="0" /></a><br /><div> Es evidente que la literatura tiene una notable capacidad para remover la nostalgia. Quizá sea esa la emoción más básica que nos empuja a leer, una fuerza primaria alejada de alharacas y ejercicios de estilo que conmueve al lector. Y es ese sencillo e irrefutable mecanismo el que me ha llevado a disfrutar de la lectura de “Mi familia y otros animales” de Gerald Durrell.<br /><br /> También parece obvio que hay lecturas más estacionales que otras. El subconsciente se acomoda mejor a leer a Dostoyevski en diciembre, bajo una manta y con un catarro cavernoso retumbando en las entrañas; en cambio, Durrell es la primavera hecha novela, pero no una primavera adulta, sino una infantil, de aquellas que preludiaban los larguísimos veranos de la niñez en los que no había otra preocupación que abastecerse de ocio suficiente para ocupar tres meses.<br /><br /> La primavera de Durrell dura nada menos que un lustro, el que pasa con su impagable e insoportable familia en la isla griega de Corfú. El joven Durrel aguanta con estoicismo y hasta con una cierta ternura la imbecilidad de su familia, a la cual él mismo aporta la parte alícuota. Y es que cada miembro se empecina en su propia locura hasta hacer de ella la razón de su existencia: el joven Gerald en la zoología, Lawrence en la atormentada persecución del arte, la hermana Margo en sus coqueteos de adolescencia tardía, Leslie a la veneración de las armas de fuego y la madre a la dificultosa articulación de egos y manías.<br /><br /> Mientras, el joven Gerald va llenando la casa de animales de todo tipo. En una suerte de antropomorfismo, mitad tierno, mitad ingenuo, nos cuenta cómo sus perros, tortugas, urracas, serpientes y hasta escorpiones van ocupando su lugar en la ya de por sí caótica familia. Y ahí es donde Durrell se vale del afilado humor británico para describir una vida cotidiana en la que no hay lugar para el aburrimiento. Exactamente igual que en aquellos larguísimos veranos de la niñez.</div><div> </div><div>(La imagen que acompaña es "La calesa del Padre Juniet", de Henry Rousseau.)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-8978528667381586643?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es0tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-74268726648961598982008-05-01T13:30:00.004+02:002008-12-08T22:26:37.365+01:00Adolescencia<a href="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SBmqDUS6ekI/AAAAAAAAAD4/LpnYmmywwxY/s1600-h/Melancolía+(Munch).jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5195370619112946242" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/SBmqDUS6ekI/AAAAAAAAAD4/LpnYmmywwxY/s400/Melancol%C3%ADa+(Munch).jpg" border="0" /></a><br /><div> </div><div> No siempre he leído mucho. Durante algunos años me perdía sin remedio en lecturas vagas que dejaba y retomaba cada dos o tres meses, o en libros sobre ciencia, los cuales, por algún inexplicable motivo, encontraba más reconfortantes mientras más áridos fuesen. Pero creo que casi siempre he leído con intensidad.<br /><br />Cuando tenía quince o dieciséis años empecé a acercarme a la poesía, no ya como el más o menos aplicado estudiante de lengua que había sido en el colegio, sino como un lector en busca de verdades. La poesía era un murmullo, un código secreto que fluía entre todos, pero que sólo unos pocos éramos capaces de descifrar.<br /><br />El instituto tenía algo de carcelario, con la sordidez y juego sucio de quien se afana por sobrevivir; y la poesía tenía algo de religioso, como una fe que apuntara hacia un horizonte más esperanzador (todo muy pueril, sí, pero qué adolescencia, fe o esperanza no lo es).<br /> <br />Los poetas llegaban por distintas vías. Algunos casi como residuos casuales que uno se encontraba entre las anquilosadas programaciones académicas. Y otros a través de los trovadores que los cantaban: Miguel Hernández, Machado, Blas de Otero, Gil de Biedma o Gamoneda aparecían en las voces de Amancio Prada, Serrat, Paco Ibáñez o Loquillo.<br /><br />Casi todos eran perdedores, o excluidos o contestatarios. Y tal vez por eso no era difícil identificarse con ellos. Quizá haya un tipo de concomitancia íntima con la poesía, una conexión directa entre el lector y el poeta que sólo puede tenerse en la adolescencia. Quizá exista un fulgor vital condenado a extinguirse y que resulta incompatible con la treintena. Resultan esclarecedores los versos de Gil de Biedma al respecto. (“Podría recordarte que ya no tienes gracia./ Que tu estilo casual y que tu desenfado/ resultan truculentos/ cuando se tienen más de treinta años,/ y que tu encantadora/ sonrisa de muchacho soñoliento/ —seguro de gustar— es un resto penoso,/ un intento patético.” )<br /><br />Puede que lo único bueno de la adolescencia sea que un día desaparece, como si no hubiera sido más que una enfermedad larga y aburrida; y no deja más secuela que una nostalgia apagada, leve, indolora.</div><div> </div><div>(Esa mirada perdida que Munch pinta en su "Melancolía" me remite a aquellos. En esa mirada parece haber más aburrimiento que desesperación real.)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-7426872664896159898?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es0tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-63610310561833618952008-03-17T13:26:00.001+01:002008-12-08T22:26:37.501+01:00Peligroso hombre sabio: Krahe<a href="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R95john9i8I/AAAAAAAAADw/n9b2_8m5Z3k/s1600-h/krahe.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5178686169394547650" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R95john9i8I/AAAAAAAAADw/n9b2_8m5Z3k/s400/krahe.jpg" border="0" /></a><br /><div>Como el fiel que renueva sus votos cada cierto tiempo, uno siempre termina regresando a los mismos lugares; es decir, leyendo a los mismos autores, escuchando a los mismos músicos o viendo las mismas películas. Y no es fácil prever cómo nos reencontraremos con esos preciados amuletos cuyo recuerdo conservamos idealizado en la memoria; es decir, nunca sabe uno si habrá envejecido mejor o peor que su amuleto.<br /><br />Entre los míos, figura desde hace bastante Javier Krahe, que no envejece, al menos desde que se le blanqueara la barba como una orla de su perfil enjuto, solemne y burlón a un tiempo.<br /><br />Sucede con Javier Krahe que la gente siempre se ha reído mucho con sus canciones, en parte por su agudeza, en parte por sus rimas consonantes e impredecibles (“Yo, que siento por Jesús / repelús”). Pero lo cierto es que yo, por mi parte, me lo tomo cada vez más en serio; sospecho incluso que toda esa apariencia quijotesca de Krahe no es más que un disfraz, digamos un excipiente, que camufla su amalgama de lucidez y ternura.<br /><br />Y es que las canciones de amor de Krahe son más lacerantes que la mismísima copla, sus lamentos nocturnos son más amargos que el blues, sus reflexiones son proyectiles más certeros que cualquier panfleto pseudopunk e, incluso, su relectura de los clásicos (“Yo, como Ulises he sido/de Penélope el marido”) es crítica literaria en estado puro.<br /><br />Pero seguramente a Krahe le gusta pasar desapercibido, camuflado de genial entretenedor del público que jalea sus letras como si de las oraciones de un culto en vías de extinción se tratara. De hecho, es esa libertad tan natural la que le ha ocasionado problemas con los siempre alertas bienpensantes a diestro y siniestro (y ojo, que los de siniestro son tan gazmoños como los de diestro). Y al mismo tiempo Krahe se ríe por fuera y conserva la seriedad por dentro, mientras nos afea nuestra rutina burguesa en los tres minutos de “No todo va ser follar”.<br /><br />Así que no os dejéis engañar por este hombre de aspecto bonachón que propaga consignas anarquistas; y, por supuesto, tampoco os perdáis ni uno solo de sus conciertos.</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-6361031056183361895?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es2tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-58496946737092435512008-02-10T22:37:00.003+01:002009-03-30T18:04:57.016+02:00Postal desde el desierto (y 2)<a href="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R69vY62b4jI/AAAAAAAAADo/o5CmSMFVDjM/s1600-h/Grupo-desierto.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5165469771522368050" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R69vY62b4jI/AAAAAAAAADo/o5CmSMFVDjM/s400/Grupo-desierto.gif" border="0" /></a><br /><div>Nos levantamos antes de que salga el sol. Basta alejarse unos pasos de la kasbah en la que nos alojamos para notar en la piel toda la soledad de este lugar. El frío, el silencio, la ausencia de formas en la oscuridad son las señales mediante las cuales se manifiesta el vacío. Parece como si la humanidad se hubiera extinguido miles de años atrás; o como si nunca hubiera existido.<br /><br />Nuestro guía, que tiene un aire a Omar Sharif de joven, se llama Idir. Es el bereber que nos rescató de la arena la noche anterior. Conduce con seguridad por el desierto mientras nosotros nos preguntamos cómo puede orientarse en la maraña de pistas y rodadas que se entremezclan sobre el suelo del reg.<br /><br />Por fin vemos salir el sol sobre las dunas del Erg Chebbi. Mis compañeros disfrutan y hacen fotos. Yo intento que un persistente dolor de estómago no me amargue la experiencia. Por algún extraño motivo, no he conseguido pegar ojo y no me encuentro bien. Me sorprendo a mí mismo preguntándome qué rayos hago allí, con lo bien que podría estar en mi casa. Pero bien sé que la pregunta es inútil. En este instante, en este día, mi vida está aquí, en el desierto. Poco importan mis dolores estomacales o mis dificultades respiratorias. He decidido moverme y mi cuerpo, aunque no siempre resulte el mejor compañero posible, viaja conmigo.<br /><br />Más tarde Idir nos lleva hacia las montañas que separan Marruecos de Argelia. La zona es aún más inhóspita, alejada de los pueblos y de los hoteles que se apiñan junto a las dunas. No hace demasiado calor, pero la luz del sol parece capaz de taladrarte el cráneo después de unos pocos minutos. Es una luz blanca, casi punzante.<br /><br />En medio de la nada, nos detenemos en la casa de una familia nómada. Son cuatro paredes de adobe reseco. Nos sentamos sobre las esterillas gastadas que alfombran el interior y compartimos un té con dos mujeres berberes y sus hijos. Sacamos más de diez años a las chicas. Imagino que ese aire de adolescentes treintañeros que podemos permitirnos los europeos les tiene que resultar de lo más extraño. Seguramente les resulte de lo más frívolo, aunque es posible que lo envidien.<br /><br />A media mañana llegamos a un pueblo perdido, más al sur de Risanni Aquí, la mayor parte de la población es de raza negra. Eso nos recuerda que estamos en África y que apenas nos hemos asomado a un continente enorme y vertiginoso que el Sáhara casi divide en dos.<br /><br />Al atardecer, Idir nos invita a tomar el té en su jaima. Su hijo Mohamed, un niño de unos tres años que ya tiene la misma mirada recia y determinada de su padre, corre con los pies descalzos sobre el suelo rocoso. Idir parece estar contento con su modo vida. Seguramente podría permitirse cambiarla si así lo deseara. Mientras miro de reojo cómo bebe su té y deja vagar la vista hacia el desierto, me pregunto si su mundo, que a nosotros nos parece tan simple, será para él tan complejo como lo es el nuestro para nosotros.<br /><br />Probablemente en ese desierto que mira Idir, en esa inmensa llanura pedregosa y seca, esté la respuesta a mi pregunta. Pero yo no soy capaz de descifrarla. Una vez más, es al viajero a quien más le queda por aprender.<br /><br />Mientras dejo que la vista se me pierda en el desierto, recuerdo a aquellos lotófagos de la Odisea a los que el loto les hacía olvidar su patria, liberándoles así de la tiránica obligación de regresar a ella.<br /><br />Idir rellena el vaso de té ya vacío. Se lo agradezco, bebo otro sorbo y me dejo llevar por la melancolía de las últimas luces de la tarde.</div><br /><div></div><br /><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-5849694673709243551?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es0tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-10912843221674339562008-01-07T13:45:00.000+01:002008-12-08T22:26:37.760+01:00Recomendaciones para 2008<a href="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R4Ih29QADTI/AAAAAAAAADg/_Qugb3dRwo0/s1600-h/trinity-college2.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5152718151703596338" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R4Ih29QADTI/AAAAAAAAADg/_Qugb3dRwo0/s320/trinity-college2.gif" border="0" /></a><br /><div>Aquí os dejo las lecturas recomendadas para 2008. Son doce libros que he seleccionado entre los que he leído durante 2007; doce, para que podáis dedicarle un mes a cada uno (es cierto que hay algunos bastante voluminosos, pero de otros se puede dar buena cuenta en un par de tardes). Sobre algunos de ellos he publicado artículos en estos doce meses. De los dos últimos os copio sus sugerentes comienzos.<br /><br />La selección, cómo no, es totalmente arbitraria. El único criterio ha sido el placer que he encontrado al leer estos libros y las ganas de compartirlo con vosotros. No son novedades editoriales ni reediciones de moda. Al contrario. El propio concepto de novedad editorial pertenece al campo de la gestión empresarial y en ningún caso al de la literatura. Hoy parece que los libros que tienen más de seis meses han pasado de moda. Así que esta lista pretende ser una humilde rebelión contra esa dictadura de lo banal.<br /><br />Por cierto, si alguien malgastó tiempo y dinero en las recomendaciones para 2007 y quiere utilizar como proyectil alguno de aquellos libros, ahora es el momento de hacerlo.</div><div><a href="http://cuadernodetrieste.blogspot.com/2007/01/recomendaciones-para-2007.html">http://cuadernodetrieste.blogspot.com/2007/01/recomendaciones-para-2007.html</a><br /><br />Salud y buenas lecturas para este año.<br /><br /><br />-<strong>Los monederos falsos</strong>, André Gide (Poseidón).<br /><br />-<strong>Vida de Pi, Yann Martel</strong> (Destino)<br /><br />-<strong>Animales y más que animales</strong>, Saki (Valdemar)</div><div><br />-<strong>Ruido de fondo</strong>, Don DeLillo (Seix Barral)</div><div><br />-<strong>Crónica del pájaro que da cuerda al mundo</strong>, Haruki Murakami (Tusquets)<br /><br />-<strong>Campo de Agramante</strong>, Manuel Caballero Bonald (Anagrama)<br /><br />-<strong>La suerte de Barry Lyndon</strong>, William Makepeace Thakeray (Cátedra).<br /><br />-<strong>Solaris</strong>, Stanislav Lem (Minotauro).<br /><br />-<strong>El curioso incidente del perro a medianoche</strong>, Mark Haddon (La Salamandra).<br /><br />-<strong>El desierto del los tártaros</strong>, Dino Buzzati (Gadir).<br /><br />-<strong>El pozo</strong>, Juan Carlos Onetti (Punto de lectura)<br /><br />“Hace un rato me estaba paseando por el cuarto y se me ocurrió de golpe que lo veía por primera vez. Hay dos catres, sillas despatarradas y sin asiento, diarios tostados de sol, viejos de meses, clavados en la ventana en lugar de los vidrios.”<br /><br />-<strong>Sobre héroes y tumbas</strong>, Ernesto Sábato (Seix Barral)</div><div><br />“Las primeras investigaciones revelaron que el antiguo Mirador que servía de dormitorio a Alejandra fue cerrado con llave desde dentro por la propia Alejandra. Luego (aunque, lógicamente, no se pueda precisar el lapso transcurrido) mató a su padre de cuatro balazos con una pistola calibre 32. Finalmente, echó nafta y prendió fuego.<br />Esta tragedia, que sacudió a Buenos Aires por el relieve de esa vieja familia argentina, pudo parecer al comienzo la consecuencia de un repentino ataque de locura. Pero ahora un nuevo elemento de juicio ha alterado ese primitivo esquema. Un extraño "Informe sobre ciegos", que Fernando Vidal terminó de escribir la noche misma de su muerte, fue descubierto en el departamento que, con nombre supuesto, ocupaba en Villa Devoto. Es, de acuerdo con nuestras referencias, el manuscrito de un paranoico. Pero no obstante se dice que de él es posible inferir ciertas interpretaciones que echan luz sobre el crimen y hacen ceder la hipótesis del acto de locura ante una hipótesis más tenebrosa. Si esa inferencia es correcta, también se explicaría por qué Alejandra no se suicidó con una de las dos balas que restaban en la pistola, optando por quemarse viva.”</div><div> </div><div> </div><div></div><div>(En la foto, la espectacular biblioteca del Trinity College, en Dublín)</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-1091284322167433956?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es3tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-849624636870071492007-12-25T13:17:00.001+01:002008-12-29T12:48:21.207+01:00Postal desde el desierto (1)<a href="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R3D2INQADSI/AAAAAAAAADY/tm1fJm5ViFo/s1600-h/3-Marruecos.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5147884994940636450" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R3D2INQADSI/AAAAAAAAADY/tm1fJm5ViFo/s400/3-Marruecos.gif" border="0" /></a><br /><div></div><div>A última hora de la tarde, conduzco sin prisa por el valle del Ziz. Avanzamos con suavidad. El coche parece acomodarse a la carretera trazada en paralelo al cauce seco. El valle se estrecha en una garganta y se vuelve a abrir poco después. De cuando en cuando, un palmeral rompe la monotonía y revela que en otra época del año, en algún lugar, debe de haber algo de agua.<br /><br />La luz se va escurriendo sobre las laderas rojizas. Casi minuto a minuto, cambian de tonalidad. El cansancio se diluye en una relajación profunda y algo extraña. Es el sosiego del anonimato, de la lejanía.<br /><br />Permanecemos en silencio. Sólo se escucha el rugido del motor sobre la carretera trazada en medio de la nada. Sobre el mapa, aún no hemos pisado la minúscula esquina del Sáhara a la que nos dirigimos; sobre el terreno, llevamos más de trescientos kilómetros de laderas desoladas y carreteras desiertas azotadas por un viento constante. Del laberinto borgiano de la medina de Fez, en el que ayer nos perdimos una y otra vez, sólo queda en la memoria un murmullo apagado.<br /><br />Mis compañeros son viajeros militantes. Como yo, observan fascinados, sin preguntarse por qué no dejamos de movernos. Sé que me seguirán mientras me mueva y que me arrastrarán cuando flaquee. Supongo que, como los tiburones, tenemos la necesidad de movernos continuamente para no asfixiarnos.<br /><br />Ya es de noche cuando dejamos atrás la localidad de Erfoud. El asfalto termina poco después y no nos queda más remedio que adentrarnos en las pistas de tierra. No tardamos en comprobar cómo la tierra seca y pedregosa del desierto se intercala con la arena. Menos de media hora después de haber abandonado la carretera, estamos atrapados en la arena. Las ruedas giran sin oposición y el coche termina clavándose en el suelo.<br /><br />Dos adolescentes bereberes a los que hemos intentado dar esquinazo sin éxito, se ríen de nosotros. A falta de plan mejor, decidimos reírnos con ellos. Mientras esperamos a que aparezca su hermano con un Land Rover, comprendemos que formamos parte de uno de los pasatiempos preferidos de los jóvenes que viven aquí: ver cómo se atascan en el desierto los incautos conductores europeos.<br /><br />Dos horas y una ducha más tarde, cenamos un <em>tajine</em> de verduras en la <em>kasbah</em> en la que nos hospedamos, no muy lejos del lugar en el que hemos quedado atrapados. Recordamos el incidente entre risas, pero no se nos escapa que nos ha colocado en nuestro lugar. El viajero es el último en llegar a un lugar; es quien menos sabe, a quien más le queda por aprender. </div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-84962463687007149?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es2tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-33776515114460826052007-11-24T13:48:00.001+01:002008-12-08T22:26:38.053+01:00Hasta siempre, Cebrián<a href="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R0gdtxxtu1I/AAAAAAAAADQ/KP_Sm_Eb88A/s1600-h/06_RosaVientos.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136388047309224786" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R0gdtxxtu1I/AAAAAAAAADQ/KP_Sm_Eb88A/s400/06_RosaVientos.jpg" border="0" /></a><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />En estos últimos meses negros en los que se nos fueron Bergman y Fernán Gómez entre otros, hubo un golpe especialemente traicionero. Se murió Juan Antonio Cebrián, de repente y sin despedirse, a los 41, con infinidad de proyectos por delante.<br /><br /><p>Le pedí a mi amigo Raúl Cuervo que escribiera algo para el blog. Compartimos, además de la afición al bourbon, el cariño hacia Cebrián. Ahí van nuestros pequeñas cartas de despedida.</p><p></p><p></p><p></p><p><strong>Hasta siempre, Cebrián</strong></p><p>Venía ya uno con el alma radiofónica, esa que parpadea en la oscuridad, bastante revuelta porque hace nada se nos había ido Carlos Llamas, ejemplo vivo de que la ternura y la acidez, no son incompatibles; y es esas, se nos murió Juan Antonio Cebrián.</p><p><br />Había comenzado a escucharle hace unos cuantos años, si bien, como en toda relación de amistad, me distancié de él en varias ocasiones. Pero aunque durante algún tiempo no pasara por allí, nunca me olvidé de que la casa de Cebrián estaba abierta. Su casa era La rosa de los vientos, que además era la casa de todo aquel que quisiera entrar y sentarse junto al fuego abrazado a una copa de oporto a escuchar buenas historias. A veces, qué se le va a hacer, uno prefiere vagar solo por las calles de madrugada, pero siempre consuela saber que hay puertas que siguen abiertas, por más que haga mucho tiempo que uno no las franquea. No sé si los que hacen la radio nocturna tendrán idea de la cantidad de vidas de insomnes que han alargado.</p><p><br />Fueron pasando los años, pero la impresión inicial que había tenido de Cebrían no varió en absoluto. Cebrián era el compañero de clase de la fila de atrás, inteligente, noble y gamberro a partes iguales, de esos que lo comparten todo y te llegan al cerebro pasando por el corazón.</p><p><br />A su lado recorrí muchos kilómetros, viajes nocturnos de aquí para allá en los que escuchaba sus Pasajes de la historia. La monotonía de la autopista o el ronquido de algún compañero de viaje quedaban enseguida atrás, y uno se veía inmerso en la batalla de las Termópilas, en la revuelta de los bóxers en China o en las disputas conyugales del mismísimo Sócrates.</p><p><br />Y es que Cebrián tenía esa vocación por compartir que requieren los divulgadores. Si Carl Sagan logró en los años 80 que taxistas, enfermeras y ferreteros discutieran sobre nebulosas y quásares, Cebrián nos hizo preguntarnos si Rober E. Lee había sido un traidor o por qué rayos Aníbal no había arrasado Roma cuando tuvo ocasión de hacerlo.</p><p><br />Queda el vago consuelo de saber que los grandes capitanes dejan el rumbo marcado en su rosa de los vientos cuando se van; y queda, claro está, la obligación de seguir navegando.</p><p><br />Gracias, Cebri.</p><p>(Os dejo unos links como banda sonora de la lectura.</p><p><a href="http://es.youtube.com/watch?v=Vr5d0Otp8FU">http://es.youtube.com/watch?v=Vr5d0Otp8FU</a></p><p><a href="http://es.youtube.com/watch?v=pW-Njfe6zcg">http://es.youtube.com/watch?v=pW-Njfe6zcg</a> )</p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-3377651511446082605?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es3tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-19048334197085215992007-11-24T13:28:00.000+01:002008-12-08T22:26:38.178+01:00Homenaje a Cebrián<div align="right"><a href="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R0gc-hxtu0I/AAAAAAAAADI/y0lME3ZqlRk/s1600-h/jacpz4.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136387235560405826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/R0gc-hxtu0I/AAAAAAAAADI/y0lME3ZqlRk/s400/jacpz4.gif" border="0" /></a> <em>por Raúl Cuervo</em><br /></div><br /><br />Tu cálida y profunda voz inundó la noche. Almas sonámbulas, jornaleros de la madrugada, vampiros del saber,…todos congregados bajo el hechizo de tu luna.<br /><br />Trovador del saber, desvelaste a las conciencias dormidas, retiraste telarañas de las mentes, despertaste al conocimiento. Lograste llegar donde nadie había llegado. Creaste un hogar para noches perdidas, arropando oídos vagabundos.<br /><br />Nos llevaste de la mano, ávidos de una luz que seguir; y tu luz brilló más intensa que ninguna, alta e inequívoca en el horizonte. Brilló tanto que eclipsó las demás luces y, como un mal presagio, tanto resplandeció que se apagó de pronto, dejándonos desorientados y afligidos, como quien ha visto el mar y desdichado ha de regresar a su jaula terrenal.<br /><br />Profunda es la huella que has dejado en tu partida. Hiciste de la palabra una obra de arte. Pintaste cuadros con tu voz, llenando de matices y colores la noche. Endulzaste nuestros sentidos con aromas de misterio y antigüedad, llevándonos por sendas desconocidas con esencias de un pasado lejano y remoto.<br /><br />Ay Juan…honda es la pena al adivinar las aventuras que se perderán en el olvido al no haber ya juglar que las cante.<br /><br />Sólo me queda despedirme de ti. De alguien que me acompañó en tristezas y dichas. A ti te doy las gracias por estos años de dedicación; dedicación a la radio, dedicación a todos nosotros, dedicación a mi, pues tu dedicación fue mi ventura…y mi suerte escucharte.<br /><br />Hoy te digo Cebri que, por haberte conocido, me siento más que nunca, encantado y feliz como una lombriz…<div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-1904833419708521599?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es4tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-40817308128923615152007-11-20T13:32:00.000+01:002007-11-20T13:46:27.940+01:00LukeLectores, amigos, críticos, polizones y toda suerte de marinería:<br /><br /> Desde noviembre he comenzado a publicar en la revista cultural "Luke", donde su directora, Inés Matute, me ha reclutado. De momento estamos rescatando artículos ya publicados aquí, pero en el futuro espero publicar artículos nuevos.<br /><br /> Que me embarque en otro proyecto no significa que abandone éste; en los próximos días publicaré el artículo de noviembre.<br /> <br /> Os dejo la estela de "Luke" por si os apetece echar un ojo, cosa que os recomiendo a todos.<br /><br /> <a href="http://www.espacioluke.com/">http://www.espacioluke.com</a><br /> <br /><div align="center">Un saludo a todos</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-4081730812892361515?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es2tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-29467968971611865902007-10-06T16:42:00.000+02:002008-12-08T22:26:38.285+01:00Poe según Cortázar<a href="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Rwee_Qj5BfI/AAAAAAAAACw/ZTou0P2mDWU/s1600-h/Edgar+Allan+(foto)"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5118234311144310258" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Rwee_Qj5BfI/AAAAAAAAACw/ZTou0P2mDWU/s400/Edgar+Allan+(foto)" border="0" /></a><br /><div>Este verano le hinqué al fin el ojo a uno de los libros a los que más ganas le tenía: la colección completa de los cuentos de Edgar Allan Poe que Julio Cortázar tradujo y editó en 1956. El encargo le llegó al argentino desde la Universidad de Puerto Rico, en la que entonces trabajaba el sin par Francisco Ayala.<br /><br />Cortázar siempre confesó que traducir a Poe era uno de los trabajos que había realizado con mayor gusto. Ese placer impregna todo el libro y hace que el lector se sienta doblemente complacido; se diría que Cortázar nos acomoda en el sillón de orejas, enciende la chimenea y nos sirve la copa de oporto para que nosotros podamos centrarnos en la lectura.<br /><br />La semblanza que Cortázar hace de Poe tampoco tiene desperdicio. Elucida con pasión el periplo vital de escritor bostoniano, y, allí donde la historia no llega, apunta lo que encuentra más probable. Nos cuenta así cómo Poe se educó como un caballero sudista, lo que explicaría tanto ciertas posiciones políticas como su inclinación hacia la salmodia tétrica y la fascinación necrófila. También sostiene Cortázar que Poe no era alcohólico, si consideramos como tal a quien abusa de la bebida. Siempre según el argentino, Poe padecía una severa hipersensibilidad al alcohol que lo catapultaba a un estado de lucidez alucinada casi desde el primer trago.<br /><br />Esa tormentosa relación con el alcohol junto con algunos otros factores decisivos, como su temprana orfandad o su apasionamiento por las mujeres, conformaron una personalidad que se ajusta a los cánones del héroe romántico: un extraño equilibrio entre fortaleza y fragilidad, una tendencia suicida a beberse la vida a borbotones hasta consumirla. El más claro testimonio de ese fervor son sus cuentos y poemas. Cuando escribió su poema más célebre, <em>El cuervo,</em> estaba en la cima de su carrera; y sin embargo, bien sabía Poe que todo lo que le quedaba era ya deslizarse sin remedio, cada vez a mayor velocidad, hacia su propio abismo.<br /><br />Y es que al igual que aquel magnifico y aterrador Dostoyevski que Coeztzee imaginó en <em>El maestro de Petersburgo</em>, Poe sabe que vivir es un precio: el precio que debe pagar por poder escribir. Atormentado por sus demonios interiores (los más crueles y, quizás, los únicos en verdad temibles) murió tras varios días de delirio etílico. Tras él quedaron sus cuentos y poemas, como una sincera y embriagadora invitación para compartir esos mismos demonios.<br /><br />Ahí tenéis una lectura ideal para las tormentosas noches de este otoño. Julio y Edgar os esperan. Sentaos, leed y, sobre todo, no abráis la puerta a nadie.</div><div></div><div> </div><div> </div><div>(Esta fantasmagórica imagen es la más clásica que hay de Poe. Su mirada parece revelar el miedo contenido de los que han comprendido ya qué les depara el futuro.)</div><div></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-2946796897161186590?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es4tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-85599166489844543372007-09-06T12:30:00.000+02:002008-12-08T22:26:38.449+01:00Umbral<a href="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Rt_XIBeVNmI/AAAAAAAAACc/nkDyLyta6qE/s1600-h/umbral+nu.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5107037035296011874" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/Rt_XIBeVNmI/AAAAAAAAACc/nkDyLyta6qE/s400/umbral+nu.jpg" border="0" /></a><br /><div>Jamás imaginé que le dedicaría un artículo de este blog a Francisco Umbral. Ni me gustaba mucho ni me caía demasiado bien; pero no es menos cierto que leí con fruición algunas de sus novelas cuando empezaba a interesarme (de verdad) por la literatura.<br /><br />Y es que hubo un tiempo en que yo también fui un pardillo de provincias en la capital; un tierno aspirante a plumilla que miraba las mesas del Café Gijón desde el Paseo de Recoletos con la improbable esperanza de encontrarme una celebridad (Fernán Gómez, Vicent, el mismo Umbral) que me apadrinase en un aún más improbable mecenazgo literario.<br /><br />Por aquel entonces yo imaginaba que todo consistía en hacer horas en el Gijón (más tarde lo cambiaría por el Comercial), con la mirada distraída en algún libro de prosa enrevesada y, anudado al cuello, un fular negro que me había agenciado a modo de bufanda. Recuerdo haber paseado por Madrid “La leyenda del César Visionario”, donde Umbral retrataba, entre el carboncillo y la sátira, la generación de los Laín, Ridruejo, Torrente, Foxá o el cuñadísimo Serrano Suñer. También, cómo no, a su admirado D’Ors. Tiempos de tertulias en blanco y negro en los que los intelectuales bailoteaban alrededor del sátrapa de voz aflautada procurando no levantar la voz más de la cuenta. El principio de la novela de Umbral es casi su resumen: “En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte.”<br /><br />Umbral estaba de moda y en cada página yo me encarnaba en aquel Francesillo, su alter ego adolescente que empezaba a comprender (a mí me llevaría algo mas de tiempo) que en la vida suena una sola nota entre un océano de ruido, crece una sola violeta por varias toneladas de mierda, y, en definitiva, hay que achicar sordidez a calderadas para rescatar un trocito de belleza.<br /><br />Eso es lo que queda en el haber de Umbral. Su escepticismo agrio, su poesía sórdida, su efigie de literato vanguardista y cínico que citaba a Proust y a Baudelaire cuando España era un país cerril y narcisista. Quizá sea más abultada la lista del debe. Su servilismo hacia quien le interesaba (Cela en vida, el inefable Pedro J., su encumbrado Ramoncín) y esa permanente y aburrida proclamación como guardián de la alta literatura<br /><br />Tampoco le mejoró mucho su cultivada imagen de genio incomprendido. Y es que tiene bastante de tramposo jugar al poeta maldito con la mano izquierda mientras se reciben preces con la derecha. Poeta maldito es Leopoldo María Panero, que sobrevive alcoholizado, loco y desdentado tras varios intentos de suicidio y tres décadas largas de peregrinaje por los manicomios del país. Umbral se acomodó en el rol del genio incomprendido mientras disparaba desde su columna diaria de “El Mundo” y recibía los más altos premios nacionales.<br /><br />Queda, eso sí, la imagen tópica del escritor misántropo y nictálope, el ave de bufanda y gafas de pasta que deja caer sus garras sobre una olivetti gastada. Umbral quiso ser un poco Cela y otro poco Larra. Tiempo habrá en el futuro, sin su alargada sombra enturbiando, de colocarlo en su lugar. De momento, me sumo a los que lo recuerdan. Aunque sólo sea porque un día, hace años, yo también quise ser un novelista con bufanda en el Café Gijón.<br /><br />(Os dejo unos links. Ahí va la necrológica que le escribió Delibes.<br /><a href="http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20070829/cultura/dice-manana-umbral_20070829.html">http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20070829/cultura/dice-manana-umbral_20070829.html</a><br /><br />Estos son los dos artículos que le dedica el académico y exitoso novelista Pérez-Reverte. Cada cual sabrá sacar sus propias conclusiones.<br /><br /><a href="http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=cementerio/ce_borges">http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=cementerio/ce_borges</a><br /><br /><a href="http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=patentescorso/pc_27nov05">http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=patentescorso/pc_27nov05</a> )</div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-8559916648984454337?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es2tag:blogger.com,1999:blog-26025492.post-75653684296065462532007-08-06T14:27:00.000+02:002008-12-08T22:26:38.540+01:00Gabriel García Márquez: crónica del periodismo mágico<a href="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/RrcT6368xsI/AAAAAAAAACU/H0m6FldDV1o/s1600-h/(web).gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5095563405557548738" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_P-X1OXpGDFQ/RrcT6368xsI/AAAAAAAAACU/H0m6FldDV1o/s400/(web).gif" border="0" /></a><br /><div> Hace unos días que he terminado de leer “El amor en tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez. Es la excusa perfecta para hablar del Nobel colombiano, lo que no me atrevía a hacer hasta haber leído esa novela, que ocupa un lugar preeminente entre sus obras.<br /><br /> Además, confieso que necesitaba un contrapunto a “Cien años de soledad”. Si tengo una relación pasional con algún libro, es con éste; si no lo hubiera leído en mi adolescencia, si algunos años más tarde otros libros no hubieran complementado aquella lectura (los cuentos de Cortázar, las obras completas de Borges, algunas novelas de Muñoz Molina) mi relación con la literatura sería (imagino) bien distinta. Por eso, por lo apegado que lo tengo a la víscera, me resulta muy difícil analizar “Cien años de soledad” de un modo sereno, y por ello, ponderar la figura de su autor.<br /><br /> Quizá la clave la dio el editor y poeta catalán Carlos Barral cuando dijo que García Márquez era un narrador oral del Norte de África. Lo cuenta Juancho Armas Marcelo en su libro “Vargas Llosa: el vicio de escribir”. No sé hasta qué punto es exacta la anécdota, pero más allá de lo que tiene de <em>boutade</em> (que Armas Marcelo interpreta en su libro como menoscabo del colombiano respecto del peruano) la definición es estupenda; es probable que Barral imaginara a Gabo como un narrador ciego en la Plaza Jamaa el Fna de Marrakech, rodeado por un círculo de oyentes alucinados entre la marabunta de aguadores, encantadores de serpientes y comedores de alacranes.<br /><br /> Y es que la principal característica de García Márquez es la reinterpretación de la realidad en términos casi mitológicos; sin que el lector lo note, es capaz de mudar la piel, desde la del cronista honesto a la del profeta iluminado que salmodia al dictado de un dios antiguo.<br /><br /> Por eso creo que le debe tanto al oficio de periodista que ejerció durante algunos años. Más allá de sus deudas literarias (evidentes las de Faulkner y Rulfo), García Márquez se curtió en la crónica periodística, en la narración verosímil sostenida por la precisión de los detalles. Sólo tuvo que leer la historia de Iberoamérica, escrita con sangre y barro durante siglos, y dotarla de consistencia literaria. La superstición, la fatalidad del destino y, en resumen, el realismo mágico, emergieron solos.<br /><br /> Y así construyó una de las literaturas más personales del Siglo XX, donde el mito sólo es una extensión natural del individuo, como si fuera su propia sombra. Mi terna: “Cien años de soledad”, “El amor en tiempos del cólera” y “Crónica de una muerte anunciada” (se admiten otras).<br /><br /> Os dejo el link en el que podréis escuchar el discurso de Gabo al recibir el Nobel. Dieciocho minutos imprescindibles.<br /><br /><a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1982/marquez-lecture.html">http://nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1982/marquez-lecture.html</a><br /><br /><br /> Y en este link podréis repasar el cine de Bergman (también imprescindible).<br /><br /><a href="http://eldormitoriodemaud.blogspot.com/2007/07/ingmar-bergman-1918-2007-se-acabaron.html">http://eldormitoriodemaud.blogspot.com/2007/07/ingmar-bergman-1918-2007-se-acabaron.html</a></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26025492-7565368429606546253?l=cuadernodetrieste.blogspot.com'/></div>Cuaderno de Triestehttp://www.blogger.com/profile/12717829781697133188blogtrieste@yahoo.es8